Inolvidable
El 25 de enero de 1978 se producía la hazaña más grande en la historia del f...
En la poesía universal se han dado ejemplos de singular precocidad: el más conocido es el de Arthur Rimbaud, quien revolucionó la lírica moderna, si bien escribió solamente hasta los veintidós años y luego pasó a dedicarse con igual entusiasmo a la trata de esclavos en Africa, olvidando para siempre la literatura y el mundo. O más cercano todavía, el del peruano Javier Heraud, asesinado en el río Madre de Dios por sus actividades revolucionarias, con balas de las que se usan para matar fieras, cuando tenía alrededor de veinte. Poco se señala, en cambio, el caso de Miguel Hernández, aunque reviendo su itinerario vital y literario parece absolutamente increíble que haya muerto cuando sólo iba a tener 32 años.
El Reloj Monumental de Pachuca se construyó cuando 95% de la población no tenía dónde ver la hora.
Molinos, Fravega, Quilmes, Swift, los bancos Nación, Francés y Galicia,son algunos. Pero pocas quedan en manos nacionales. En el último siglo les pasó de todo.
La celebración del Bicentenario es oportuna para hacer un balance de la evolución económica y social del país en el largo plazo, aunque algunos análisis históricos basan ese balance, de manera casi obsesiva, en la comparación entre la “brillante” Argentina del primer centenario y la “decepcionante” de nuestros días.
El 25 de mayo de 1910, la República Argentina era más que un país: era una fiesta de la historia y del sentimiento patrio. No sólo por el entusiasmo y el fervor con que la población y los gobernantes habían unido sus esfuerzos para celebrar el primer centenario de la patria, sino también porque nadie dudaba ya de que el país había alcanzado niveles de pujanza, desarrollo y esplendor que lo estaban llevando a una posición descollante en el conjunto de las naciones hispanoamericanas.
Perdió la cúpula, coronada por un globo terráqueo sostenido por mujeres, su piso colapsó y el interior fue invadido por palomas.
"Clase media es un concepto de clase media", dice P. N. Furbank sobre la idea de clase social. "Al menos a fines del siglo XVIII, la gente que se consideraba clase trabajadora no mencionaba a las clases medias", aclara y agrega: "Si no estoy errado, se pueden leer las 900 páginas de The Making of the English Working Class , de E. P. Thompson, sin encontrar ni una sola vez a un obrero radical que invoque a las «clases medias»; toda su artillería se dirige a «los tiranos», «los perversos aristócratas», «los funcionarios» y «la vieja corrupción»".
En el primer centenario, los argentinos parecían confiados en su destino de progreso. Cuando se está llegando al segundo, la impresión, como resultado de las experiencias de un siglo de desacuerdos, conflictos políticos y declinación económica, es más pesimista.
En 1910 la vida era más apacible. En las calles de Buenos Aires convivían los peatones, los carruajes y los automóviles, cuya velocidad máxima no podía superar los 14 km por hora, según la primera ordenanza sobre la materia dictada en 1905. En las fotos de época se los observa transitando en armonía por los jardines de Palermo, sin prisa, haciendo del paseo dominical toda una ceremonia social, donde fue arraigando el rito de los piropos.
Los politólogos Natalio Botana y Rosendo Fraga y el historiador Luis Alberto Romero relatan en Mirando al Bicentenario cómo era el país floreciente que festejó el Centenario y qué pasó luego, hasta llegar a nuestros días. El libro incluye la crónica del médico y político francés Georges Clemenceau, uno de los invitados extranjeros al Centenario, una nómina que incluyó a la infanta Isabel de Borbón, Jean Jaures, Ramón del Valle Inclán y Anatole France. En el prólogo del libro, que aquí presentamos, Botana habla del asombro de Clemenceau por Buenos Aires y el país.
Por Georges Clemenceau, Natalio R. Botana, Rosendo Fraga y Luis Alberto Romero
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Se menciona en el artículo otro escándalo de...
Mentiras, revisiones, institutos
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