Ninguna tumba guardará su canto
caborca
A 154 años de la Gesta Heroica
Del 1 al 6 de abril de 1857 en Caborca se escenificó una de las más grandes batallas donde hombres y mujeres valientes dieron sus vidas por defender el suelo que los vio nacer, una fecha que hoy en día se ha perdido en las páginas de la historia y que se ha olvidado que de no ser por esa pelea, Sonora formaría parte de los Estados Unidos.
Eran mediados del siglo XIX. El mes de abril comenzaba cuando alrededor de 100 hombres norteamericanos comandados por el abogado Henry Alexander Crabb, originario de Nashville, Tennessee, llegaron a tierras sonorenses con intención de anexar la entidad a los Estados Unidos.
Los invasores ingresaron por el municipio de Sonoyta, eran hombres de carrera militar y preparados con el mejor armamento de la época, Crabb conocía bien el territorio ya que estaba casado con una mujer sonorense de nombre Margarita Ainza.
En 1987 el templo de la Purísima Concepción fue declarado monumento his-
tórico - Foto El Expreso
José Jesús Valenzuela Luna, cronista de la ciudad de Caborca, narró que los visitantes del vecino país tomaron prisionero al celador de la Aduana, de la misma forma que obligaron a unos indios Pápagos para que los guiaran hasta esta población con la intención de que les mostraran dónde se encontraban las fuentes de agua.
En aquellos días Caborca sólo tenía alrededor de 300 habitantes entre los que se encontraban mestizos, criollos, blancos, yaquis y un par de chinos; no estaban preparados para enfrentar a un batallón militar.
Don José María Arredondo, prefecto de Altar, al enterarse de la próxima llegada de los norteamericanos, inmediatamente organizó un batallón de 200 soldados quienes estaban a cargo de los capitanes Lorenzo Rodríguez y ernardo Zúñiga.
En Caborca, una vez que llegó la ayuda, las mujeres del pueblo se reunieron en la casa de don Ramón Bojórquez para preparar alimentos para los soldados y hombres que se ofrecieron a defender el suelo que los había visto nacer.
Los extranjeros llegaron
A principios del mes de abril, alrededor de las once de la mañana, al ver que los invasores se acercaban por el poniente, el capitán Lorenzo Rodríguez y su gente, de forma valiente pero imprudente, salieron a enfrentarlos, pero no contaban con que su enemigo ya los esperaba.
Valenzuela Luna contó que los filibusteros traían rifles más modernos y potentes que los que tenían los connacionales, por lo que en esos momentos fue herido de muerte el capitán Rodríguez, siendo la primera baja registrada junto con la de cuatro soldados más.
Al ver regresar a los suyos, asustadas las personas del pueblo corrieron hacia la iglesia de la Purísima Concepción para buscar refugio, olvidando las provisiones en la casa del señor Bojórquez, mismas que fueron aprovechadas por el enemigo al arribar al pueblo.
El capitán Bernardo Zúñiga reagrupó a sus elementos y los distribuyó en las casas que no habían sido ocupadas por la gente de Crabb, mientras que otros soldados se dedicaron a resguardar el templo donde se escondían los pobladores.
Ocurre un milagro
Para el 2 de abril, los caborquenses que estaban armados se colocaron en las torres y ventanas del templo para disparar contra las casas donde se estaban quedando los filibusteros, quienes intentaron en repetidas ocasiones ingresar al mismo.
Durante el día, los extranjeros habían intentado instalar un barril de pólvora a la entrada de la iglesia, en esos momentos Ramón Esquer, vecino de la población, salió con su rifle disparando contra el enemigo logrando dar muerte a dos norteamericanos y herir al propio Henry Alexander Crabb, pero las balas de los invasores lo mataron instantáneamente.
La mecha de la pólvora seguía corriendo, estaba a punto de explotar; es en estos momentos cuando la historia cobra matices de leyenda, ya que a través de los años se ha narrado que una mujer vestida de blanco apagó el barril.
José de Jesús Valenzuela dijo que de generación en generación se ha contado que se trataba de la virgen de la Purísima Concepción que bajó de las alturas y, sin que las balas pudieran atravesarla, logró apagar la pólvora que pretendía derribar la puerta del templo.
Querían que se rindieran
Al enterarse de lo que estaba ocurriendo, don Ignacio Pesqueira, gobernador del Estado en aquellos tiempos, le encomendó al capitán Hilario Gabilondo y a don José María Girón recorrer los pueblos para reclutar hombres valientes que defendieran el suelo nacional.
Para el día 5 de abril, 200 hombres de refuerzo llegaron a Caborca e inmediatamente rodearon la población para evitar que los norteamericanos escaparan, por lo que de forma inmediata usaron un cañón para desalojar varias casas, hasta que obligaron a Henry Alexander Crabb y los suyos a refugiarse en la casa de don Ramón Bojórquez.
Crabb mandó a un emisario con una bandera blanca en señal de buena voluntad, quien propuso la rendición argumentando que los superaban en número y armas, pero los que estaban en el templo dispararon constantemente hasta matarlo.
Un indígena fue el héroe
Al sexto día de batalla, la desesperación entre los que se protegían en el interior de la iglesia era evidente: La comida se había terminado, aunque los contrarios tenían padecimientos similares debido a que se les habían terminado las provisiones.
Valenzuela Luna mencionó que un indio pápago de nombre Luis Núñez, desde lo más alto del templo y protegido por las torres, disparó flechas incendiarias con su arco hacia la casa donde se hospedaban los filibusteros.
Fue la séptima flecha la que dio en el blanco, en el zacate seco, para iniciar el fuego, el cual rodeó rápidamente la vivienda y aunque los americanos intentaron sofocarlo, las llamas los obligaron a salir y rendirse.
Al día siguiente todos los filibusteros, incluyendo Henry Alexander Crabb, fueron fusilados, solo le perdonaron la vida a un joven llamado Charles Evans, a quien por tener 16 años le permitieron que se fuera.
Después de la batalla
José Jesús Valenzuela, cronista de la ciudad, comentó que en los días posteriores a la batalla siguieron llegando amigos de Crabb preguntando por su cuartel y de forma rápida eran tomados prisioneros y fusilados, pero otros se daban cuenta antes de llegar y regresaban a los Estados Unidos.
“Ganamos que no nos mataran, que no nos quitaran nuestras tierras y defendimos nuestro país de la invasión de soldados enemigos”, señaló el cronista.
Por esto, desde aquellos tiempos se le conoce a estas tierras como la Heroica Caborca, además que en 1987 el templo de la Purísima Concepción fue declarado monumento histórico.
por Guillermo González Vera
www.expreso.mx 6/4/2011






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