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Dicen que el segundo del Ejército actuó en el Operativo Independencia

Su legajo señala que estuvo en Tucumán y una fuente afirmó que participó de ese plan.

El actual subjefe del Ejército, general César Milani, participó en 1976 con el grado de subteniente del “Operativo Independencia” contra la guerrilla en Tucumán, según adelantó a Clarín una fuente militar que conoce el legajo personal completo del oficial. Ese plan fue en 1975 comandado por el general Acdel Vilas hasta que en diciembre de 1976 fue reemplazado por el general Antonio Bussi, quien está procesado por haber cometido

Semana Santa, 1987, Campo de Mayo. Milani junto a Herminio Iglesias, hablando con los sublevados, en una foto de la revista Somos

delitos de lesa humanidad en esa provincia.

Actualmente, Milani también es el titular de la dirección general de Inteligencia y el candidato de la ministra de Seguridad y ex de Defensa, Nilda Garré, para ser el nuevo jefe del Ejército en el caso de que la presidenta Cristina Kirchner sea reelecta en octubre.

La presencia de Milani en ese operativo represivo fue preguntada al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, por el jefe del bloque de senadores de la UCR, Gerardo Morales, en un pedido de acceso a la información pública presentado el 10 de setiembre de este año. Puricelli tiene 10 días hábiles para contestar según el decreto de acceso a la información pública 1172/03.

Morales preguntó si concretamente Milani participó como agente de inteligencia de aquel operativo . En el resumen del legajo que el Gobierno envió al Senado para la aprobación del ascenso a general de división, solo se afirma que Milani, entonces subteniente, estaba destinado en el batallón de Ingenieros de Construcción 141 con sede en La Rioja pero en “comisión en Tucumán” donde e stuvo entre el 1 de febrero de 1976 y el 6 de febrero de 1977. Una fuente militar altamente confiable dijo que “participó del operativo” pero no le imputó ningún delito.

Clarín llamó ayer al vocero de Puricelli para preguntarle por este dato pero no obtuvo respuesta.

Otra de las preguntas de Morales es qué rol tuvo Milani como oficial de Inteligencia en La Rioja donde estuvo después del asesinato del obispo de esa provincia, monseñor Enrique Angelleli, cometido el 4 de agosto de 1976 en Punta de los Llanos. Antes habían sido asesinados por grupos paramilitares los sacerdotes Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias. El juicio por el crimen de Angelelli aún está abierto. Según el resumen del legajo -los senadores no tuvieron acceso al documento íntegro-, Milani estuvo “en comisión de servicio (censo) en Los Llanos” , La Rioja “desde el 20 de setiembre de 1977”, es decir casi un año después del crimen de Angelelli. En su legajo dice que el 1° de diciembre de 1982 entró a la Escuela de Inteligencia del Ejército y se recibió de “técnico” el 14 de enero de 1983, meses antes del retorno de la democracia el 10 de diciembre de ese año.

Otras de las preguntas del senador radical por Jujuy es si Milani participó del alzamiento carapintada de Aldo Rico de 1987. En octubre del año pasado, tres meses antes de que la mayoría K y sus aliados aprobaron el ascenso de Milani de general de brigada a general de división, Clarín reveló dos fotos de la revista Somos en la que se ve a Milani con el dirigente peronista Herminio Iglesias dialogando con carapintadas a metros de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Garré, como ministra de Defensa, contestó que estuvo allí cumpliendo misiones de “contrainteligencia” impartidas por sus superiores leales al gobierno de Raúl Alfonsín.

Ahora, Morales preguntó si Milani tuvo alguna sanción en 1998. En su resumen de legajo se lee que el 19 de diciembre de 1988 se le aplicaron 8 días de arresto por haberse negado a reprimir la rebelión carapintada de Villa Martelli que lideró el fallecido coronel Mohamed Alí Seineldín, la tercera rebelión de esas características. Dice textualmente que fue decir a su superior inmediato que “ no ejecutaría (operaciones) militares contra sus camaradas con la atenuante de poseer sobresalientes antecedentes profesionales y no haber observado conductas objetables durante acontecimientos similares anteriores”.

por Daniel Santoro

Fuente: 

Diario Clarín 22/9/2011

Informacion Adicional: 

Operativo Independencia, el plan para “aniquilar a la subversión” - 17/6/2010

En febrero de 1975, un decreto de Isabel dio origen al accionar sangriento de los militares en el Norte.

El país era un tembladeral en febrero de 1975. Juan Perón, el viejo líder, había muerto tal como debe haber soñado, en el ejercicio de la presidencia. Como herencia no había dejado, como decía, al pueblo, sino a su tercera esposa, María Estela Martínez, una mujer jaqueada por su incapacidad, por los jefes militares, por el poder económico que había vaciado los supermercados, por los desvaríos de una inflación desorbitada y por los gremios que intentaban correr en la tortuga de los salarios al jet de los precios.

Y por la guerrilla, que tenía en jaque al país. La peronista, Montoneros, había pasado a la clandestinidad enfrentada al gobierno que la había cobijado. La trotskista, el ERP, con su “Compañía Ramón Rosa Jiménez”, intentaba establecer en Tucumán un foco de guerrilla rural y una zona liberada, con bandera propia: un paisito dentro de la Argentina. La guerrilla, que empujaba al país al golpe, se enfrentaba a unas fuerzas armadas que ya habían decidido dar el golpe más sangriento de la historia. Era un cóctel letal.

La aceituna de ese cóctel la puso la propia Presidenta: en febrero de ese año, firmó un decreto secreto, el 261, que dio origen al “Operativo Independencia” en Tucumán. El decreto tenía una frase inicial que también era letal. Ordenaba al Comando General del Ejército ejecutar las operaciones necesarias “para neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en Tucumán”. Meses después, con la Presidenta de vacaciones, el titular del Senado, Ítalo Luder, extendió esa orden a todo el país. La palabra “aniquilar” dio la excusa para desatar el terrorismo de Estado, que ya planeaban los futuros dictadores de marzo del 76. No se trataba de aniquilar el accionar de, sino de aniquilar a. No era un entuerto semántico. Era decisión política.

El primer jefe del Operativo fue el general Acdel Vilas. Dijo que no iba a Tucumán a terminar con la guerrilla, sino a terminar con la subversión. Y que no pensaba detenerse ante las leyes. Lo hizo. Inauguró el que, al menos hasta hoy, es el primer centro clandestino de detención, “La Escuelita”, en Famaillá, por donde pasaron la mayor parte de los desaparecidos de la provincia. No fue el único sitio de detención ilegal de Tucumán. Vilas comandó la V Brigada de Infantería, envuelta en el Operativo, que dependía del Cuerpo de Ejército III, que en septiembre de ese año pasaría a manos del general Luciano Benjamín Menéndez. Vilas fue reemplazado en diciembre de 1975 por el general Antonio Bussi, cuando ya el ERP, que llegó a tener una radio en el monte, Radio Liberación, estaba diezmado tras numerosos combates en la provincia más chica del país.

Junto a los combates, Vilas y Bussi, sobre todo este último, implantaron el molde del terrorismo de Estado que después se extendería a todo el país, ya con los golpistas en el poder y la guerrilla anulada.

El 75% de los desaparecidos en Tucumán no son guerrilleros, sino trabajadores rurales de la caña y la industria azucarera, peones y obreros de la construcción, según reveló la Comisión Investigadora de las Violaciones a los Derechos Humanos local.

por Alberto Amato

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