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VIVIO EN EL BARRIO

El diario del Che tuvo su capítulo porteño en una casa de Palermo

Ubicada a 2 cuadras del colegio Guadalupe; a 5 del Jardín Botánico (lo más parecido a la selva por la que tanto iba a viajar, pero con yesos quietos más que revolucionarios activos), a 10 de los Bosques de Palermo (lo que hubiera supuesto suficiente oxígeno para sus pulmones maltrechos) y a 10 cuadras del Predio Ferial de La Rural (símbolo del poder agropecuario y ganadera argentina; lo contrario a sus ideas). La casa de Aráoz 2180 fue el último lugar en Argentina donde vivió Ernesto Guevara, el Che.

 
 
Con la fachada típica de los caserones que aún forman parte de la edificación del barrio de Palermo, la casa de estilo colonial tenía 3 plantas que, a priori, insinuaban inmensidad. Abajo vivían 3 maestras; ellos se alojaban en la del medio y compartían la puerta de entrada con los inquilinos de arriba.
 
Durante la primera presidencia de Perón, en 1947, su familia -abiertamente antiperonista- se instaló en Buenos Aires. La relación de sus padres estaba deteriorada y la situación económica de la familia Guevara Lynch-De La Serna había empeorado; lejos estaba de su pasado aristocrático, aunque frecuentaban lugares y amistades de la alta sociedad. "El Chancho", como lo apodaron por su look desalineado, tenía 18 años cuando decidió mudarse junto a ellos para estudiar medicina.
 
"Era una casa extrañísima, pero no era tan grande como parecía. Tenía un patio, la cocina; un pequeño refugio para estudiar que hizo mi viejo y donde Ernesto pasaba las noches leyendo; el comedor donde dormía mi papá y un garaje que jamás fue utilizado como tal porque no teníamos auto", detalla Juan Martín Guevara, el más chico de los 5 hermanos. "Una vez, Ernesto lo convirtió en un laboratorio de venta de un insecticida, al que llamó ´Vendaval´. Duró 6 meses", aseguró. Hasta hubo un club de fútbol.
 
"Ernesto dormía en un pequeño cuarto al frente, junto a Roberto", su otro hermano. La habitación de Celia, su madre, tenía acceso a la terraza y al baño: el único para 7 personas. Todas las demás daban a un balcón corrido; el mismo que sería protagonista de las 2 fotos que tímidamente salieron a la luz y demostraron que un joven Ernesto Guevara vivió en Palermo.
 
La era digital permitió conservar vestigios de esa época; las pocas fotos del álbum familiar -color sepia y fuertemente marcadas por el paso del tiempo-, dejan constancia de los últimos momentos de la familia unida. Tin -como iba a llamarlo el Che en las cartas a su madre- fue el encargado de recopilarlas.
 
La actividad política siempre estuvo en el núcleo familiar. "La casa era una asamblea permanente; estaba muy politizada, leída y enterada de lo que pasaba en el mundo; se discutía todo. La vida acá era un despiole", asegura Juan Martín, casi como si la memoria lo transportara otra vez allí.
 
Lector voraz, con una marcada inclinación a la doctrina marxista, carismático y movilizado por su espíritu aventurero, Ernesto Guevara de la Serna recorrió América Latina, que por entonces estaba signada por el auge de gobiernos populistas y con Estados Unidos imponiéndose como la salvación para las naciones cuyas economías mostraban claros signos de agotamiento.
 
Mientras tanto, el mundo se dividía entre el Bloque Occidental Capitalista, liderado por el país norteamericano, y el Bloque Oriental Comunista, liderado por La Unión Soviética (quien luego sería aliada de Cuba, tras la Revolución), en lo que se llamó Guerra Fría.
 
Ya graduado como médico, en 1953 el Che inició el viaje definitivo: dejó la Argentina y empezó un recorrido que lo llevaría a conocer a Fidel Castro en México y a planear juntos la liberación de Cuba, que estaba en manos de Fulgencio Batista.
 
A pocos días del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, su familia viajó a Cuba. "Tengo la imagen en mi memoria de la vieja corriendo a encontrarse con él. Fue el primer abrazo, interminable; nosotros estábamos sacando número", sonríe Juan Martín. Y ese reencuentro fue "dejar a un hermano y encontrarse a un comandante, que seguía siendo hermano". Eso tuvo su costo para los que se quedaron en Palermo. Bombas y ataques con ametralladoras contra el frente de la casa de Aráoz y Mansilla, e incluso, detenciones.
 
De a poco la casa fue quedando grande y Celia decidió venderla. Hoy se emplaza en esa esquina un edificio moderno y una ferretería. Y aunque es un secreto a voces que ahí vivió y forjó su ideal revolucionario, recién será masivo el próximo sábado a las, cuando se coloque una baldosa conmemorativa para señalar que allí, en Aráoz 2180, vivió el hombre que se transformó en leyenda: Ernesto Guevara, el "Che".
 
por Gabriela Previtera / Maestría Clarín-Universidad San Andrés
Fuente: 

Diario Clarín 14/6/2017

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