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El inventor oculto

Tebaldo Ricaldoni nació en Uruguay pero toda su labor científica la realizó en nuestra ciudad. Fue considerado una eminencia y, además de perfeccionar los moduladores para radio y escribir cerca de 40 tratados científicos, llegó a inventar un submarino que adquirió el gobierno de Francia. Sus discusiones con Sarmiento, sin embargo, lo llevaron a un ostracismo y un olvido general que se extiende hasta nuestros días. Aquí, la breve historia de un personaje de novela pero real.

¿Quién fue Tebaldo Ricaldoni?

La pregunta puede repetirse una y otra vez y sólo unos pocos, si es que tienen alguna relación con el universo científico, podrán responderla.

No es mucho lo que se sabe de Tebaldo, pero el material que nos llega -mucho del cual fue rescatado tras una muestra realizada hace unos años por el Museo de Física de la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP- nos describe una vida que, transitada en el amanecer del siglo XX, bien podría protagonizar una novela del mismísimo Julio Verne.

Fue considerado una eminencia científica para su época y desarrolló un revolucionario submarino que, tras ser rechazado por la Armada Argentina, fue adquirido por el gobierno de Francia. Compartió una profunda amistad con el ingeniero italiano Guillermo Marconi -quien fuera Premio Nobel de Física en 1909- y hasta llegó a alojarlo durante un año en su casa de La Plata. Escribió 38 tratados científicos y sostuvo fuertes polémicas pedagógicas con Sarmiento, algo que, dicen algunos, terminó por valerle un cruel ostracismo en aquellos años y un olvido general que aún hoy se mantiene intacto.

¿Pero quién fue, realmente, Tebaldo Ricaldoni?

Esa pregunta intentó responderla hace unos años María Cecilia von Reichenbach, directora del Museo de Física de la UNLP, lugar donde el uruguayo radicado en nuestra ciudad pasó gran parte de su vida y donde, muchos años después, en septiembre, octubre y noviembre de 2001, los docentes y alumnos que no lo conocieron pero llegaron a leerlo le montaron una muestra en su nombre. ¿Fue un científico o un inventor?, se preguntó la directora del Museo, y muchas de esas respuestas las planteó en un trabajo que, publicado en la revista científica "Saber y Tiempo" del año 2002, acaso sea el más completo sobre el tema.

"Enrolado en el positivismo y allegado a la alta sociedad porteña -dice Cecilia von Reichenbach-, el ingeniero uruguayo Tebaldo Ricaldoni fue elegido por Joaquín V. González para crear el Instituto de Física de la naciente Universidad Nacional de La Plata. Después de una breve y conflictiva gestión, Ricaldoni fue desplazado por la contratación de científicos alemanes, que convirtieron el Instituto de Física en un centro científico al estilo europeo. A partir de entonces él se dedicó al dictado de clases en la UNLP y el Colegio Nacional de Buenos Aires, y al trabajo en su taller particular, con fondos propios y aporte privado. Publicó veinticinco libros de texto y desarrolló numerosos inventos, entre los que se destacan el submarino, un receptor de telegrafía sin hilos, un reductor de voltaje, una boya de salvataje, un panoramoscopio y un desvía torpedos. La trayectoria de Ricaldoni bien merece un lugar entre los que hicieron la historia de la ciencia en el río de La Plata".

UNA VIDA, UNA HISTORIA

Olvidado por la historia oficial de la ciencia argentina, Ricaldoni nació en Uruguay en 1861. A los 15 años terminó el liceo secundario y, una vez recibido, viajó para radicarse en Buenos Aires, ciudad donde se recibió de ingeniero con apenas 19 años. Fue pupilo de Bartolomé Mitre, en cuya casa vivía. Luego se trasladó a La Plata y fue aquí donde desarrolló toda su prolífica obra científica. También fue aquí el lugar donde murió, un 23 de septiembre de 1923.

Su labor como hombre de ciencia, aunque enorme y variada, recién comenzó a ser algo más conocida a fines del siglo pasado, hacia 1998, cuando la Universidad local inició los trabajos tendientes a poner en funcionamiento al Museo de Física de la facultad de Ciencias Exactas, un historiado lugar que aún hoy conserva celosamente los instrumentos científicos y los libros anteriores a 1912 existentes en el Departamento de Física de la Facultad, sede, entre otras tantas cosas, de la recordada visita de Albert Einstein a La Plata en 1925.

"Un grupo de físicos y museólogos llevó adelante las investigaciones sobre la historia de la institución que alberga al museo, y la de los instrumentos mismos -detalla von Reichenbach en su trabajo-. Las primeras indagaciones los llevaron a la figura del ingeniero Tebaldo Jorge Ricaldoni. En los documentos oficiales de la época y las crónicas posteriores sólo encontraron breves referencias a su gestión. Se dice que fue comisionado por Joaquín V. González para fundar un Instituto de Física, que sería `la piedra angular' de la nueva universidad. Ricaldoni, que fue el primer Director del Instituto, recibió una cuantiosa suma de dinero para adquirir instrumental, según la índole expresamente experimental que se quería dar al Instituto y a toda la universidad. La adquisición en Alemania de 2761 instrumentos de demostración de fenómenos físicos fue decisiva para la formación de los primeros doctores en física del país. No fue Ricaldoni, sin embargo, quien consiguiera este logro pedagógico. Oscuras desavenencias con las autoridades de la universidad y el observatorio hicieron que el Instituto fuera disuelto, creándose en su lugar la Facultad de Ciencias Físicas, Matemáticas y Astronómicas, de la que dependían cinco escuelas...".

Los primeros datos sobre su labor académica no parecían, en un primer momento, guardar demasiado interés. Incluso era citado con cierto desdén por quienes lo sucedieron en su trabajo. Sin embargo, detalla la propia directora del Museo de Física, "ahondando un poco más en la historia se encuentra que, muy por el contrario, Tebaldo Ricaldoni fue un personaje singular, que en muchos aspectos se adelantó a su época, y que alcanzó una serie de logros que merecen ser destacados".

LOS INVENTOS

¿Fue un científico o un inventor?

Tal vez una cosa no quite la otra. Pero lo cierto y seguro es que, además de escribir a fines del siglo XIX decenas de tratados científicos que dispararon el interés y respeto entre sus contemporáneos, Tebaldo Ricaldoni inventó una serie de objetos que no parecían tener límite. Sin duda que el más conocido fue el llamado Submarino Ricaldoni, un navío en el que la variación del peso específico era por el volumen en lugar de serlo, como hasta ese entonces, por el peso o por la carga de tanques de lastre. El invento, luego de varias discusiones, fue desechado por la Marina de Guerra de nuestro país por considerarlo disparatado, pero más tarde fue adquirido por la Armada de Francia y el profesor platense alcanzó una notoriedad que muchos ni siquiera habían llegado a imaginar.

Buena parte de sus inventos, hay que decir, llegaron a ser conocidos en la actualidad por la labor de los propios descendientes de Ricaldoni, quienes colaboraron incluso en la muestra montada años atrás en el Museo de Física. Según su nieto platense Jorge Ricaldoni, de hecho, el abuelo Tebaldo era "un ferviente pacifista, aunque muchos de sus inventos eran de naturaleza bélica".

Es cierto. Uno de sus inventos más notables y peligrosos fue el llamado "pincel de fuego", un artefacto que, junto a los alumnos que lo habían ayudado en su elaboración, probó en una de las canchas del Colegio Nacional. Ubicó el estrambótico artefacto en un arco, y en el arco opuesto colocó un enorme blanco hecho en cedro. Luego de meticulosas mediciones, Tebaldo apuntó hacia el blanco y disparó con su pincel de fuego, provocando en el objeto apuntado un enorme y preciso agujero. Pese al éxito del disparo, sin embargo, nunca llegó a saberse cómo trabajaba el pincel de fuego, porque inmediatamente después de esa prueba, aturdido aún por la llamada, Ricaldoni labró un acta con los resultados del experimento y mandó a destruir su obra haciendo prometer a sus alumnos que nunca más se hablaría del tema por tratarse de una temible arma.

Tras aquella prueba, Tebaldo se ocupó de perfeccionar moduladores para radios y llegó a regalarle uno de sus aparatos a su querido amigo Guillermo Marconi, el ingeniero italiano que, años después de vivir en La Plata con él, crearía la radiofonía y recibiría el Premio Nobel de Física. No fue lo único que Ricaldoni inventó: también se dio maña para crear el troley de rueda capaz de captar energía de cables colgantes para vehículos en movimiento; dio a luz el periscopio de 360 grados de proyección; también inventó la boya de rescate de submarinistas y la falsa quilla de lastre en submarinos; y predijo mediante cálculos matemáticos la existencia del planeta Neptuno y de una luna de Mercurio en estado magmático. Además, fue el primer doctor en ingeniería en nuestro país; también alcanzó los doctorados de Física y de Matemáticas, disciplinas en las que descolló como docente universitario. Enseñó química, bioquímica, cosmografía y ciencias naturales. Recibió la Palma de Oro y en dos ocasiones las de Bronce, una distinción que en Francia se entregaban a los científicos y que hasta comienzos del siglo XX tenían el mismo prestigio que luego alcanzaron los premios Nobel. Y fue, además, decano de la facultad de Ciencias Exactas de nuestra ciudad y fundador del Museo de Física de esa unidad académica.

Fue un científico. Fue un inventor. Fue una eminencia de su época y alcanzó logros que aún hoy se consideran verdaderos y revolucionarios hallazgos. Fue eso y algunas cosas más y aún hoy, pese a todo, son muchos los que se sorprenden o dudan al escuchar su nombre. ¿Quién fue Tebaldo Ricaldoni?

 

Fuente: 

Diario El Día 30/4/2011

Informacion Adicional: 

Reseña histórica acerca de la inventiva en Argentina:

1810: Miguel Colombise inventa un nuevo control de navegación para aeróstatos.

1813: Andrés Tejeda desarrolla una máquina hiladora e intenta el vuelo a propulsión humana.

1813: Fray Luis Beltrán inventa para el Ejército de los Andes, herrramientas metalúrgicas, arneses y batanes.

1876: Elías O´Donell inventa un nuevo tipo de aeróstato.

1891: Juan Vucetich inventa el Sistema Dactiloscópico para la identificación de las personas.

1910: Se crea la Sociedad de Inventores Argentinos.

1914: Luis Agote inventa instrumentos para la transfusión sanguínea, llevando a cabo por primera vez en el mundo una transfusión sanguínea con sangre almacenada, y en base a un método inventado por él.

1916: Raúl Pateras de Pescara inventa el primer helicóptero eficiente en la historia de la aviación mundial.

1917: Quirino Cristiani inventa la primera tecnología para producir dibujos animados en la historia del cine mundial.

1922: Se crea el Círculo Argentino de Inventores.

1925: Vicente Almandos Almonacid inventa el sistema de navegación nocturna para aviones, armamentos y guías para bombarderos.

1928: Ángel Di Césare y Alejandro Castelvi inventan el colectivo.

1929: Francisco Avolio inventa el primer amortiguador hidroneumático en el mundo.

1930: Enrique Finochietto inventa numeroso instrumental quirúrgico, aún en uso en todo el mundo, como el famoso "separador intercostal a cremallera".

1932: Antonio Saralegui inventa los conceptos teóricos y la tecnología de la "fotoescultura"

1944: Ladislao José Biro, perfecciona y logra imponer a nivel mundial el bolígrafo o "birome", un invento sobre el que había estado trabajando desde 1938.

1956: Agustín Rela inventa un sistema de refrigeración en base a materiales piezoeléctricos.

1957: José Fandi inventa el secador de pisos de una sola pieza.

1968: Jorge Weber inventa la "tapa de rosca degollable".

1970: Eduardo Taurozzi inventa el "motor pendular de combustión interna", sin fricción, sin lubricación, y con mayor rendimiento.

1970: Juan Bertagni inventa el "plano sonoro".

1973: Norberto Palla inventa el control de velocidad de crucero para automotores.

1979: Francisco De Pedro inventa el "soporte fijo para marcapasos cardíacos".

1983: Mario Dávila inventa el "semáforo para ciegos".

1989: Carlos Arcusín inventa la "jeringa autodescartable", y el "capuchón de seguridad para agujas hipodérmicas".

1990: Se crea la Asociación Argentina de Inventores.

1990: Se crea la Escuela Argentina de Inventores.

1996: Claudio Blotta inventa la camilla automática de emergencia.

1997: Se organiza la Primera Olimpíada Argentina de Inventiva.

1998: Se organiza el Premio Nacional de Inventiva: "Ladislao José Biro".

1999: Se crea la Fundación Biro – Inventiva y Educación.

1999: Se crea la empresa BiroInvent – Gestión de la Innovación.

2000: Se organiza en Buenos Aires el simposio Internacional de Inventores (WIPO-IFIA Symposium), por primera vez en el hemisferio sur.

Fuente: Asociación Argentina de Inventores - www.inventores-aai.org.ar
 

El cientifico Tebaldo


El cientifico Tebaldo Ricaldoni es mencionado varias veces en la novela El Juguete Rabioso del genial Roberto Arlt que es bastante autobiografica. En la misma se habla de una carta que Ricaldoni le habria dado al protagonista Silvio Astier, alter ego de Arlt. Lic. y Prof. Gaston M. Espaniol

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