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decada del 70

El Peronismo armado

El Peronismo armado, de Alejandro Guerrero - Grupo Editorial Norma, 2009. 

  
Alejandro Guerrero (Buenos Aires, 1952) se define como escritor, periodista y militante político. Dedicó siete años a la escritura de El peronismo armado, un libro que vuelve sobre la experiencia de las organizaciones guerrilleras inscribiéndola en el período histórico abierto con el golpe militar de 1955. El proyecto de una biografía de Mario Firmenich, el líder de Montoneros, se fue transformando en un intento por abordar una época en la que todavía hay mucho para contar y para discutir. "No quise hacer una recopilación de anécdotas sino un libro de historia", dice Guerrero, quien propone un relato desde la perspectiva marxista y con afirmaciones que en otros libros "tal vez no se hacen por no sacar los pies de determinado plato", como los datos que, afirma, relacionan a Juan Domingo Perón con la creación de la Triple A.

—En la introducción se advierte que no se trata de un libro objetivo. ¿Cómo es tu planteo del relato histórico?

—La objetividad no existe. Decir que los trabajadores de Kraft cortan la ruta en reclamo por los despidos es una verdad objetiva; decir que se produjo un caos en el tránsito, también. Pero el ordenamiento de la noticia muestra tu propia subjetividad.

—En ese sentido, ¿qué posiciones habría respecto del tema del libro?

—Una tesis de la que parto es que las guerrillas peronistas, incluida la Resistencia, no fueron el producto de las grandes luchas populares sino de una crisis del peronismo, de la contradicción que se produce entre la movilización de los obreros peronistas y las conducciones de ese movimiento. El libro no intenta ponerse por encima de los acontecimientos para juzgarlos con una supuesta e imposible objetividad. Hay una toma de posición respecto de las luchas populares frente a la represión y al intento de la Revolución Libertadora de expulsar al movimiento obrero de la república parlamentaria. Esa es por otra parte la conquista del peronismo, la incorporación de los trabajadores a la república de la burguesía.

—Otra tesis del libro es que el fracaso de las organizadores armadas estaba anunciado desde el principio, por su concepción de la violencia.

—Si bien Montoneros, por medio de sus organizaciones adláteres, llega a tener una influencia de masas importantísima, sus acciones armadas no dejan de ser foquistas. No hay un movimiento popular que decide tomar las armas y luchar por la conquista del poder: las acciones armadas son decisión de una cúpula político-militar, independiente de esa movilización del movimiento obrero y en muchas ocasiones contrapuesta a ella. Durante la contraofensiva de 1979 hay un diálogo entre activistas fabriles y oficiales montoneros donde estos trabajadores les dicen: "ustedes nos están jodiendo todo el trabajo, los van a hacer mierda y de paso nos van a hacer mierda a nosotros también". Ahí está retratada la condición trágicamente foquista de esta guerrilla.

—La figura de Firmenich se hizo dudosa en algunos relatos. ¿Cuál es tu visión?

—Trato de eludir la consideración sobre tales o cuales personajes para analizar el movimiento en su conjunto. Firmenich tiene especial importancia pero no es dudoso en el sentido de que haya sido un doble agente y todas esas leyendas que se crearon a partir del libro Dossier secreto de Martin Andersen. No hace mucho, en una entrevista, Firmenich dijo: "en algún momento Perón cambió de idea". Esto es, el momento en que los jóvenes maravillosos pasan a ser los imbéciles que gritan, infiltrados al servicio del dinero extranjero. Ahí lo que se señala es la incapacidad del comandante para entender el problema. Alguna vez un periodista italiano le preguntó a Perón si era de izquierda o de derecha, y él contestó: "según las circunstancias". Habían cambiado las circunstancias, no la idea del general. Montoneros es un movimiento armado que se organiza dentro de un partido que jamás se organizó para la insurrección. Las guerrillas fueron para Perón un elemento de presión que le sirvió para rediscutir y recuperar su papel en el espectro político argentino. Recuperado ese papel el elemento de presión se convirtió en un obstáculo.

—Le adjudicás a Perón la creación de la Triple A. ¿Lo considerás probado?

—Los testimonios de Horacio Paino, de otros represores y de los fundadores de la Triple A son indubitables sobre el papel de Perón. Por otra parte, aunque así no hubiera sido —que lo fue— el peronismo necesitaba ese organismo de represión. La Triple A no fue un cuerpo parapolicial o paraestatal sino un aparato del Estado. Ese rol de Perón se empezó a discutir hace un par de años. Las direcciones sindicales llenaron entonces las calles con un cartel que decía "no jodan con Perón". En verdad esa burocracia sindical traicionó a Perón una y mil veces. No es que les importe tanto el recuerdo histórico del general: lo que estaban diciendo era "no jodan con la burocracia". Porque si se investiga a la Triple A va a saltar el papel de unos cuantos en aquella organización, incluido Hugo Moyano.

—¿Por qué era necesaria la represión en el último gobierno de Perón?

—Perón llega traído por los mismos gorilas que lo habían derrocado en 1955. Es el único político de la burguesía con autoridad sobre las masas para contener el proceso abierto con el Cordobazo y recomponer la autoridad del Estado. Es el momento de la historia argentina en que mayor desenvolvimiento habían logrado las corrientes clasistas dentro del movimiento obrero. Eso no se podía detener simplemente con las reformas al código penal, la militarización de las huelgas y la prohibición de hacer paros. Había que echar mano al terror. Además apenas asumió, Perón envió al general Dalla Tea —notorio represor durante de la dictadura de Videla— a establecer vínculos con la dictadura de Pinochet. Lo primero que hicieron fue establecer un control sobre los exiliados chilenos. Hubo personas secuestradas en Argentina que aparecieron en Chile, en Brasil: no en 1976 sino en 1974, durante el gobierno de Perón.

—¿Cómo se sitúa tu libro en relación a otras investigaciones del período?

—El libro tiene un puñado de ideas que van a la polémica. Ese es su principal aporte: analizar una época que por distintas vías intenta ser clausurada.
 

Fuente: 

Diario La Capital (Rosario) - Suplemento Señales - 1/11/09

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