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raul fradkin, historiador

"En 1810, frente al Cabildo estaba la 'gente decente', no el 'populacho"

La Colonia segmentó a los sectores populares y les puso nombres precisos. Los de arriba y los de abajo no tuvieron más remedio que unirse frente a las Invasiones Inglesas, pero no en la Revolución de Mayo.

 

Todo y subconjunto, el pueblo es el cuerpo político integral y también un fragmento compuesto de cuerpos menesterosos y excluidos. Pueblo, inclusión que pretende no dejar nada fuera. Y pueblo, exclusión sin esperanza. Pueblo, ciudadanos integrados y soberanos. Y pueblo, conjunto de los miserables, los oprimidos, los vencidos. En la época colonial y, fundamentalmente durante nuestro siglo XIX, Raúl Fradkin ha rastreado las marcas de las presencias del plural pueblo, pero especialmente del bajo pueblo.

¿A qué se le llamaba pueblo y bajo pueblo en la Colonia?
Pueblo era la ciudad en su conjunto, como colectivo social, como cuerpo -una expresión de la época- que tiene cabeza, brazos, tronco, y por supuesto jerarquía: unos están arriba y otros abajo. Para referirse a lo que nosotros hoy llamaríamos sectores populares, los términos de la época son bajo pueblo, pueblo llano, gente del común y, más frecuentemente populacho, chusma, canalla.

¿Quién reaccionó ante las Invasiones Inglesas? ¿Fue el populacho?
Las Invasiones Inglesas requirieron una movilización de tal magnitud que hizo que no se pudiera confiar sólo en el ejército regular, reducido y debilitado. Por eso, la defensa quedó a cargo de las milicias, fuerzas de civiles armados. Para una ciudad de unos 40.000 habitantes, en octubre de 1807, entre las dos invasiones, había 8.000 hombres armados. La inmensa mayoría de los varones adultos estaba alistada. En la Segunda Invasión, hasta los esclavos, que no podían integrar la milicia y tener armas, se convirtieron en una fuerza armada. Eso marcó la historia de la Ciudad.

¿Fue popular la movilización del 25 de mayo de 1810?
El 25 de mayo de 1810 hubo muy poca gente. Comparando todas las fuentes disponibles, los cálculos máximos llegan a 400 personas. En los días previos hubo más movilización callejera. Del 21 de mayo, algunos testigos hablan de 2000 o 3000 personas exigiendo la convocatoria de un Cabildo Abierto que discuta cómo afrontar la crisis política. El 25 de mayo, que pasa a la historia como el que el pueblo exige saber de qué se trata, en rigor no fue acompañado por una movilización popular. Pero ese pueblo asistente muestra el otro sentido del término pueblo, integrado por los verdaderos vecinos, los que en la época se llaman a sí mismos "la gente decente", "la gente de razón", la parte principal, el pueblo con derecho en el orden colonial a actuar en el sistema político. En 1810, frente al Cabildo estaba la "gente decente", no el "populacho".

Pero después hubo movilización de las "fuerzas de los arrabales".
En abril de 1811 hay una movilización popular en la que no sólo participa el pueblo bajo de la Ciudad sino -toda una novedad para la época- también lo que algunos testigos llaman la "ínfima plebe", el "falso pueblo", que es la gente de los arrabales de la Ciudad, campesinos, peones y jornaleros.

¿Fueron usados por Saavedra?
Saavedra, en una cantidad muy grande de documentos, dice que no tuvo nada que ver. Pero fue el principal beneficiario del movimiento de sus adictos: los alcaldes de barrio, vecinos que eran como jueces y policías, muchos de ellos pulperos, gente de sectores medios vinculados al mundo plebeyo.

¿Allí se configura el protagonismo político de los tumultos?
El tema del tumulto es complicado, porque en la tradición del Imperio Español el tumulto callejero estaba presente desde fines de la Edad Media como una forma de acción política y de protesta social. En los períodos de carestía, de extrema necesidad, se concretaba un levantamiento popular en las calles para exigir contra las autoridades y los que tendrían que encargarse del bienestar popular. En esos motines -esto se ha constatado en México, Madrid, Andalucía, Nápoles, Cusco y otros dominios españoles- siempre aparecía la consigna "Viva el Rey, muera el mal gobierno". Eran levantamientos populares contra las autoridades, realizados en nombre del Rey, garante de la paz y la justicia. Mantenían la idea paternal de la monarquía, que la misma monarquía había enseñado. Este componente de la legitimidad popular de la monarquía se convierte, de manera imprevista, en un recurso de resistencia, no contra la monarquía pero sí contra sus emisarios.

¿Eso pasó en Mayo de 1810?
Ocurrió algo nuevo. No fue un motín popular producido en situación de necesidad. En Buenos Aires, los primeros tumultos de hambre son de 1989 o de 2001. Quizás los hubo después de Caseros, en 1852, pero no fueron por hambre, porque, en términos de la época, éste era el país de la abundancia. En Buenos Aires el tumulto fue político, con presencia del populacho para la acción política y esto fue una novedad, aunque forme parte de la tradición del Imperio español.

¿La destitución de Sobremonte fue un antecedente?
El desplazamiento de Sobremonte por el Cabildo, en las Invasiones Inglesas, no fue un tumulto. Pero que el Cabildo de una ciudad capital desplazara a un virrey y nombrara a otro interino contrarió el orden legal; y encima ese nuevo virrey interino fue reconocido por la Corte, con lo cual se legitimó la acción. No fue un movimiento contra la monarquía, pero creó una dinámica nueva, por la cual en las disputas políticas empezó a haber una activa presencia popular. Y luego, ante la lucha empatada entre las facciones del gobierno revolucionario, una de ellas concitó un apoyo popular con el cual logró desplazar a la otra, instaurando una práctica que se repitió en 1811, en 1812, varias veces en 1815, en 1820 nuevamente, con lo cual estaba legitimándose esa voluntad popular expresada en las calles.

¿Y a ella apelarán los caudillos?
Ningún caudillo se llamaba a sí mismo caudillo. Era un término despectivo, que denotaba a aquel que se hacía del poder por la fuerza y de manera ilegítima. Rosas no habla de sí mismo como caudillo, pero sí de Lavalle.

Rosas odiaba los tumultos.
Claro. El tumulto fue un recurso político inevitable pero no deseable. Y aun los beneficiarios del tumulto van a tener como prioridad desactivar la posibilidad de un tumulto. Las Juntas en América se instauraron siguiendo el ejemplo de España, que entre 1808 y 1810 las había adoptado. Pero las Juntas en España tenían como función, sobre todo, evitar los tumultos que habían surgido, porque la lucha contra Napoleón se convirtió en una revolución antiseñorial, acusando a la nobleza y al alto clero de haber pactado con el invasor. Aunque puedan surgir de un tumulto, estas Juntas han tenido como prioridad canalizarlo, controlarlo y después evitarlo. Esto permite comprender que nuestros caudillos -jefes militares o políticos militares con fuerte apoyo plebeyo-, se presentaran casi siempre como hombres de orden, como garantes del orden.

¿Cómo era la cultura política del bajo pueblo? ¿Era xenófoba?
Aparece, como una constante, el rechazo al europeo. El discurso rosista rechazaba al europeo. Hay que pensar que desde 1680, la experiencia de movilización social más intensa que vive el Río de la Plata fue la guerra contra los portugueses, y después contra los brasileños, a los que se sigue llamando portugueses muchos años después de su independencia. El sector bajo era movilizado realmente a la fuerza para ir a la guerra, socializado en la idea de enfrentar al enemigo externo portugués. Hay que agregarle las Invasiones Inglesas, que fue un enfrentamiento con una de las grandes potencias mundiales, a la que la ciudad logra derrotar. Para pensar en el ego porteño, hay que ir a las Invasiones Inglesas.

¿Había mujeres en los tumultos?
Hay mujeres en los tumultos callejeros. En los frentes de guerra también había mujeres. No son parte formal del ejército, no están dentro de la lista de la tropa, no son las que cobran sueldo, pero los ejércitos se mueven con mujeres que cocinan y lavan. Los soldados se mueven con sus mujeres o construyen parejas a lo largo de esas largas campañas. Todavía de esto sabemos poco.

¿Y había menores?El alistamiento en la milicia es para mayores de edad (primero 25 años, después 20). Pero en la lista de tropa aparecen milicianos de catorce, doce y hasta diez años. Son los llamados trompetas. Son la banda de música y van delante de la infantería. Los testigos insisten en la presencia de los muchachos en los tumultos callejeros, donde son los más indisciplinados, los que hacen las peores cosas, los que insultan, los que hacen bochinche (la palabra de la época era escándalo). En 1825 hay un tumulto contra el juez de paz de lo que hoy es Mercedes, con sartenes y cacerolas; los protagonistas son muchachos. El tumulto forma parte de una experiencia de vida; se va aprendiendo la acción política en la vida cotidiana.

¿Qué hilo lo mantiene vivo?
Persistió más latente que evidente. En torno al 2001, hay categorías coloniales que reaparecen, como la oposición entre vecinos y no vecinos -en aquella época se hubiera dicho entre gente decente y bajo pueblo. El discurso político de la derecha argentina es muy comunitarista, asentado en la idea de vecindad, que viene del antiguo régimen colonial, no de la modernidad política. En otros momentos de la historia también se combina la protesta con formas casi carnavalescas, como en el 17 de octubre de 1945 y en algunas huelgas generales de principios del siglo XX. Esto forma parte de tradiciones culturales profundas que por momentos quedan latentes u opacadas y que por algún motivo, cuando se quiebra el orden, por una suerte de terremoto, reaparecen. Pero es un misterio cómo se produce la transmisión.

El derecho a la protesta viene de lejos

Para Raúl Fradkin, "el sistema colonial era jerárquico, basado en la desigualdad y en la estratificación. Todos de algún modo tenían un derecho y, para decirlo como lo decían los juristas coloniales, 'la justicia consistía en dar a cada uno lo que le corresponde', no más de que lo que corresponde. La protesta por lo que le corresponde, aunque sea muy poquito, era legítima."
"Los esclavos fueron aprendiendo cómo era ese orden católico. Y convirtieron sus obligaciones en fuentes de derecho. Así, reclamaban el cambio de amo o la libertad porque no se les dejaba ir a misa (haciéndolos trabajar en horario de misa, no les permitían comportarse como buenos católicos). Y la justicia colonial no podía rechazar la demanda porque era efectuada en nombre de los principios de la monarquía. ""Después de la Revolución de Mayo va a pasar algo semejante. A partir de 1811, aparecen denuncias de los esclavos contra sus amos que conspiran contra la Revolución: eran enemigos de la América, como se decía en la época, y por lo tanto reclamaban su libertad. Grupos de esclavos, además, reclamaban ser incorporados a las tropas, porque la Revolución les daba a cambio la libertad."

Textuales

"En 1825 hay un tumulto popular, básicamente de muchachos, contra el juez de paz de lo que hoy es Mercedes, con sartenes y cacerolas"

"El discurso político de la derecha argentina se asienta en la idea de vecindad, que viene del régimen colonial, no de la modernidad"

Señas particulares

Nacionalidad: argentino
actividad: Profesor de Historia de América (Univ. Nac. de Luján) y de Historia Argentina (UBA)

Compiló ¿Y el pueblo dónde está? y La ley es tela de araña (Prometeo) y 200 años pensando la Revolución de Mayo, junto a Jorge Gelman (Sudamericana).

por Claudio Martyniuk.
cmartyniuk@clarin.com

 

 

 

 

Fuente: 

Diario Clarín 16/5/2010

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