una muestra de daniel kuryj en el museo del holocausto

En recuerdo de Broñia, la nena que "salvamos de los nazis"

Los abuelos del artista escondieron a una nena todo un año. Y él cuenta la historia.

La familia cristiana ucraniana corrió riesgos para proteger a una chiquita judía

Para Daniel Kuryj el arte y la memoria son un campo de batalla. La historia de Broñia, una niña judía nacida en la región ucraniana de Odessa, no lo abandona. Vuelve y muta en tintas y acrílicos sobre madera, en círculos donde la tipografía repite el mandamiento "No matarás".

Kuryj, ingeniero civil y artista plástico, recuerda a una niña a la que no conoció pero de la que sabe que tenía entre 3 y 4 años, piel blanca y el pelo negro y rizado. Sabe también que sus abuelos la escondieron en su casa durante un año y la salvaron de la persecución de judíos en Ucrania durante la ocupación nazi. Todo eso que Kuryj no vio, pero escuchó de boca de su familia, hoy es una muestra que se exhibe en el Museo del Holocausto de Buenos Aires.

La madre de Kuryj le contaba esta escena: ella era una niña, no más de 7 años. Y en su casa, desde la ventana empañada, vio cómo unos trineos que cargaban hombres y mujeres atravesaban la aldea de Krasnaia Polana, seguidos por motocicletas. Los ocupantes del trineo eran judíos. Los alemanes habían organizado una suerte de desfile salvaje para que todo el pueblo lo viera y no se atreviera a dar refugio a ningún judío.

"Mi madre los vio pasar, desdibujados por la bruma. Sobre la historia de Broñia tengo dos versiones: una es que mis abuelos la encontraron a ella y a su madre en un camino; la otra es que la madre se acercó a un grupo de trabajadores entre los que estaba mi abuelo para pedirles que protegieran a su hija", cuenta Kuryj a Clarín. "Como la única casa donde había niños y Broñia podía pasar desapercibida era la de mis abuelos, ellos la ocultaron durante un año".

Dice Kuryj que la zona donde vivían sus abuelos no era "especialmente antisemita". Y entonces esta historia de amor gana en sentido, porque su familia no era judía, eran evangelistas pentecostales . Y Broñia no fue la única niña que escondieron en el pueblo; hubo, al menos, tres más.

Para que la chiquita no llamara la atención y algún colaboracionista nazi la delatara, Pasuña y Prokofii, los abuelos del artista, raparon a todos sus hijos, rubios y de pelo lacio. Y para que no se le notara el idish, su idioma natal, le hicieron repetir kukurudza, "maíz" en ruso. Dice Kuryj que esa era la palabra que los alemanes les hacían decir a los niños cuando dudaban si eran o no judíos.

La muestra Broñia, la resistencia silenciosa ilumina esta historia, y en obras que parece artefactos hechos con palabras, Kuryj la vuelve a contar y enumera y nombra los campos de concentración, las matanzas indiscriminadas, las fechas, los shtetl (aldeas judías) arrasados.

"Lvov, 1500, 15 de marzo de 1942".

Madera y caligrafía con las que el artista trae al presente palabras que no escuchó: "¿Cuándo terminará ésto?", "Llevan a los hebreos a la muerte. Niños, no miren". En un libro de artista se lee: "Broñia deseaba jugar en la nieve, pero Pasuña no la dejaba". Kuryj se puso en el lugar de quien da testimonio, del testigo. "Yo lo vi", le decía siempre su madre.

Un día, entre fines de 1941 y comienzos del 42, un ucraniano que colaboraba con los alemanes fue a buscar a Broñia. Nunca se supo si alguien la había denunciado. A la mañana siguiente se la llevaron a Kriboie Ocero, el guetto cercado con alambre que estaba a 18 kilómetros del pueblo. "Era invierno otra vez. Así que mi abuela se pasó la noche haciendo pan para ponerle a Broñia entre la ropa y protegerla del frío. Tanto ella como su madre sobrevivieron a la guerra, pero la nena de rulos negros murió de algo muy común en ese tiempo: se atragantó de comida , después de haber pasado tanta hambre.

"Cuando lo supo, mi abuelo lloró como un chico", dice Kuryj.

Sus abuelos emigraron a Israel, donde murieron, y sus padres llegaron a la Argentina en 1964. El artista plástico Luis Felipe Noé, escribió: "Sus trabajos son un testimonio de que para la conciencia lúcida ese horror aún está vigente.

En este caso, al menos, se convierte en alto nivel de poesía-visual".

O, en palabras de Kuryj, "abrid los ojos, abrid la mente, abrid las casas, abrid las manos, abrid la conciencia".

por Nora Viater.

Fuente: 

Revista Ñ 24/8/2010

Informacion Adicional: 

Lugar: Museo del Holocausto - Montevideo 919

Horarios: De lunes a jueves de 11 a 19 horas - viernes, de 11 a 16 horas. Hasta el 15 de octubre.

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