Ninguna tumba guardará su canto
ciclo de charlas la gaceta / natalio botana
Homenaje al Aberdi visionario que soñó el país
El académico sintetizó los ejes y acontecimientos que inspiraron el proyecto alberdiano que quedó plasmado en la Constitución. El disertante destacó que el jurista tucumano se propuso legislar para una Argentina moderna. Un intérprete de su tiempo.

La figura de Juan Bautista Alberdi y su visión del país futuro, esbozado en las "Bases" que inspiraron la Constitución argentina de 1853 fueron recreadas ayer por Natalio Botana. El ensayista y académico de Ciencias Morales y Políticas y miembro de la Academia Nacional de la Historia disertó ayer en en el Virla, en el marco del ciclo de conferencias de LA GACETA. El autor de "El orden conservador" (entre otros numerosos títulos) fue presentado al auditorio tucumano por Carlos Páez de la Torre (h).
En su disertación, Botana sintetizó el derrotero político que transitó Alberdi (a quien definió como "un hombre de paz") para poder alumbrar una Constitución que reflejara el espíritu de su época y que pudiera conciliar los antagonismos de unitarios y federales. En ese punto, Botana dejó abierto un puente con el presente: ya al final de la conferencia, a la hora de las respuestas a las preguntas que formuló el público, manifestó que en la Argentina del siglo XXI, como en 1850, el federalismo económico sigue siendo una deuda. También señaló que detrás de la letra de la Constitución alberdiana está la consigna de "Gobernar es poblar", que el jurista tucumano imaginó se cumpliría con el aporte inmigratorio que se consolidó finalmente en 1880. Llegado a ese punto, el disertante reconoció que Alberdi omitió el componente indígena en el país que él imaginó, y a cuya concreción contribuyó con la escritura de las "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina".
El de la inmigración, destacó Botana, fue uno de los aspectos que muestran al Alberdi visionario y capaz de interpretar el mundo que le tocaba vivir. "En 1852, Europa está transformando el mundo a través de la Revolución industrial, que produjo desocupación", explicó. Y agregó que fue precisamente esa población formada, que se había quedado sin trabajo, la que conformaría la Argentina futura, coadyuvada por dos elementos centrales de la época: el barco a vapor y el ferrocarril.
En otro tramo de su conferencia, Botana remarcó la inteligencia de Alberdi para abrevar de las teorías de sus inspiradores (Montesquieu, Adam Smith, Hamilton, entre otros) y destacó que la Constitución alberdiana "es un medio, pero también es un fin",
"Porque esa Constitución viene a garantizar viejos valores tan antiguos que se confunden con la historia de occidente, y que hoy mismo no hemos realizado plenamente. Esa Constitución está al servicio de la libertad, al servicio de la justicia; una Constitución que estaría en el futuro al servicio de la igualdad. La Constitución de Alberdi es una Constitución republicana, que tiene una muy generosa declaración de derechos y garantías, que persiste desde 1853 hasta la fecha, con pequeñas modificaciones, y que establece la división de poderes. ¿Es esto suficiente? La respuesta es, tajantemente, no", afirmó Botana. Hay un tema al cual los argentinos no le han prestado suficientemente atención en el largo tiempo que media entre la redacción de las Bases y el presente. Una Constitución -creía Alberdi-, se escribe para darse un régimen político, pero fundamentalmente sirve para configurar un Estado, que supone territorio, el monopolio de la fuerza legítima y el monopolio de los recursos fiscales. Alberdi había pensado: "vamos a pactar entre unitarios y federales para alcanzar estos tres grandes objetivos". "El pacto estaba; lo que no estaba aclarado, es tanto el monopolio de la fuerza como el monopolio de los recursos fiscales. Y es eso lo extraordinario de Alberdi; que el jurista se desdobla en economista. Entonces no había refuerzos fiscales nacionales; cada provincia vivía como podía, con pequeñas aduanas interiores. Alberdi advirtió la configuración geográfica: atiendan a la geografía, atiendan al clima. Eramos 14 provincias, y sobre ellas, una "señora de los Ríos". Y la genialidad de Alberdi fue que entendió el sistema de explotación de Rosas sobre las provincias. Y su idea era nacionalizar las aduanas de Buenos Aires para vertir esos recursos en el resto del país, sostuvo Botana, graficando un reclamo que todavía, a 200 años, sigue inconcluso, en el debate no saldado sobre la coparticipación federal.
Diario La Gaceta 18/8/2010
Quién fue Juan Bautista Alberdi:
Nació en Tucumán en el año de la Revolución de Mayo. Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante español, y su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, era de familia criolla. Su madre falleció a causa del parto de Juan Bautista. Pocos años más tarde falleció su padre, quedando huérfano al cuidado de sus hermanos mayores.
Su familia había apoyado a la Revolución desde sus inicios y su padre frecuentaba a Belgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte.
Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824, debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza.
Se empleó como ayudante de comercio en la casa de don Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad de Córdoba y los culminaría en Montevideo en 1840. Obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.
En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribiría su primer libro: "El espíritu de la música".
En 1834 hizo un viaje a su provincia natal deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de "bachiller en leyes", el cual no lo habilitaba para ejercer la profesión por cuanto para ello debía cursar dos año en la "Academia de Practica Forense" y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones. En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto, titulado "Memoria descriptiva de Tucumán". El mencionado caudillo lugareño le ofreció habilitarlo para el ejercicio profesional por decreto e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia a lo que se negó aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.-
A fines de 1835 regresó a tales fines a dicha provincia , donde se unió al llamado "Salón Literario", fundado por Marcos Sastre y Esteban Echeverría, con lo que se vinculó a la llamada "generación del 37".
En 1837 publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el "Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho", en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Era la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.
Ese mismo año editó un periódico, "La moda", dedicado a divulgar la moda: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Se publicaron en total 23 números.
En noviembre 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen federal de Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la policía de Rosas, inició un exilio voluntario en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció, de nombre Manuel a quién nombra legatario en su testamento llamándolo "mi pariente".
En Montevideo apoyó la intervención francesa contra el gobierno de Rosas, y escribió artículos en varios periódicos, apoyando las acciones militares de ese país contra el suyo.
En mayo de 1840 durante el sitio de Montevideo por parte de un ejército porteño al mando de Oribe, partió clandestinamente hacia Europa, acompañado de su amigo Juan María Gutiérrez; residió en París unos pocos meses, y conoció al general José de San Martín.
A fines de 1843 regresó a América y se radicó en Valparaíso, donde adquirió la finca "Las Delicias" y ejerció la abogacía con notable éxito, además de revalidar su doctorado en jurisprudencia. Logró un gran prestigio local y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo de "Figarillo".
En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la nuestra, cuando llegara el caso de sancionarla. Utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la Constitución argentina, pero la caída de Rosas lo tomaría por sorpresa.
A mediados de febrero de 1852 se enteró de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros. De inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura Constitución Argentina, las "Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina". Tardó apenas un par de semanas en escribirlo, y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.
Su principal preocupación era favorecer la inmigración europea, especialmente del norte de Europa. Entre sus afirmaciones polémicas, escribió:
"Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?"
"Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea."
Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de Alberdi.
En esa época se cruzó con Sarmiento en una polémica ideológica — limitada dentro del liberalismo — plasmada en las "Ciento y una" del sanjuanino y las "Cartas quillotanas" del tucumano.
El presidente Justo José de Urquiza le ofreció el cargo de ministro de hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855.
Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresa a establecerse en el país en 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia; sin embargo, al cesar en sus funciones una fuerte disputa con Bartolomé Mitre lo empuja a trasladarse a Francia, donde muere el 19 de junio de 1884 en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años.
Actividad política e intelectual
Los inicios de su actuación política se remiten a su protagonismo en la llamada "generación del 37" junto a Esteban Echeverría, José Marmol, Juan María Gutiérrez y otros intelectuales que adherían a las ideas de la democracia liberal y se asumían como continuadores de la obra de los revolucionarios de mayo, propiciando una organización mixta del país como respuesta al enfrentamiento entre federales y unitarios. Durante esa época se integra al Salón Literario fundado por Marcos Sastre y dirige un periódico llamado "La Moda", donde escribe artículos de costumbres con el apodo de "Figarillo".
Debido a la presión ejercida por La Mazorca, policía militarizada que utilizaba Rosas para atemorizar a sus adversarios, se disuelve el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven argentina", cuyos estatus fueron confiados a Alberdi, exiliándose la mayoría de sus miembros en países limítrofes.
En 1837 siendo aun un estudiante publica su primera obra destacada, llamada Fragmento preliminar al estudio del Derecho, que se considera influenciada por la corriente historicista que fundara Friedrich Carl von Savigny en Alemania.
Como consecuencia de la persecución rosista sobre los que concurrían asiduamente al Salón Literario de Marcos Sastre, propiciando ideas de organización nacional y constitucionalismo, decide emigrar a Montevideo, llevando en su equipaje los estatutos de la nueva asociación, que se editaran luego con el nombre de "Dogma Socialista".
Entre 1838 y 1843 reside en Montevideo donde trabaja como abogado y periodista, y es secretario de Juan Lavalle, de quien se aleja debido a diferencias políticas. En este período escribe sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátira sobre el régimen rosista y caudillista.
En 1843 durante el sitio militar de Montevideo por un ejército comandado por Oribe pero subvencionado por Rosas logra escapar disfrazado de marinero francés y se traslada a Europa acompañado por su amigo Juan María Gutierrez por un breve período. Regresa ese mismo año a América instalándose en Valparaíso, Chile, donde revalida su título y ejerce como abogado ganando enorme prestigio. Allí presenta su tesis doctoral, que lleva por título 'Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano', donde Alberdi expone la idea de una unión americana por medio de herramientas tales como una unión aduanera.
En 1852, luego de la batalla de Caseros que pone fin al régimen rosista, concluye su obra de mayor influencia en el constitucionalismo argentino y americano: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del diario "El Mercurio" de Valparaiso, que constituiría una de las principales fuentes de la Constitución de la Nación Argentina de 1853, al punto que en su segunda edición llevaría un borrador de constitución utilizado por los constituyentes.
En 1853 publica un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.
Justo José de Urquiza lo designa diplomático y le encarga la misión de obtener en Europa el reconocimiento de la Confederación Argentina bajo la nueva Constitución y evitar el reconocimiento del Estado de Buenos Aires, escindido de la Confederación, como nación independiente, misión que Alberdi cumple con éxito y que le valdría el encono de Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, tirria profundizada luego por la oposición frontal de Alberdi a la Guerra de la Triple Alianza, actitud que le valió ser calificado como "traidor".
La caída de Urquiza en la batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861 y la asunción de Mitre como presidente en 1862 significó la destitución de Alberdi de su cargo de diplomático y prolongó su ausencia del país hasta 1878, en que es electo Diputado Nacional por Tucumán, arribando de regreso a su patria el 16 de setiembre de dicho año.
En tal calidad asistirá a la lucha por la sucesión presidencial desatada en 1880 cuando el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor se subleva contra el presidente Avellaneda. Este último traslada la sede del gobierno al pueblo de Belgrano siendo seguido por parte del congreso, actitud que no es compartida por Alberdi. Al vencer Avellaneda en la contienda, Buenos Aires es declarada Capital de la Nación por ley que es refrendada por la legislatura provincial. Los diputados que no acompañaron al presidente son declarados cesantes.
Durante este época fue designado "doctor honoris causa" por la Facultad de Derecho y en tal carácter asistió a la colación de grados celebrada el 24 de mayo de 1880, acto en el que estaba invitado a usar de la palabra, pero no pudiendo hacerlo en razón de su delicada salud, entregó su discurso a uno de los graduados, Enrique García Merou, que luego sería su biógrafo. La disertación se tituló y luego editó bajo el acápite de "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual" en la que resumía sus ideas sobre la doctrina del estado omnipotente a la cual oponía la tesis cristiana que consagra el valor inviolable de la libertad y la personalidad humana, base del progreso y la civilización.
Mitre, avivando viejos rencores acuñados en su posición crítica al conflicto bélico con el Paraguay que originó otra de sus obras más difundidas (El crimen de la guerra), se empeña en desacreditarlo por medio del diario La Nación, se opone a la iniciativa de imprimir sus obras completas por parte del Estado Nacional mediante un proyecto de ley que el presidente Julio Argentino Roca, sucesor de Avellaneda, envía al Congreso y a su nombramiento como embajador en Francia. Las obras fueron editadas, pero en el senado no obtuvo el consenso necesario para la designación diplomática.
Abrumado por esta circunstancia, Alberdi se marcha nuevamente a Francia y muere en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años, recibiendo cristiana sepultura sus restos en el cementerio de dicha localidad. El 27 de abril de 1889 sus restos fueron exhumados para ser repatriados por decreto del Presidente Juárez Celman; embarcados el 28 de mayo de 1889 a bordo del vapor "Azopardo", se los trasladó en principio a la Catedral, donde se le rindieron honores hasta el 5 de junio, fecha en que se trasladaron a la bóveda de la familia Ledesma el cementerio de la Recoleta, que los albergó hasta ser depositados en el mausoleo erigido en un terreno donado por la Municipalidad. Actualmente los restos de Alberdi reposan en un nicho especialmente construido en la casa de gobierno de su provincia natal.
Fuente: www.alberdi.org.ar






Sobre el Padre Mujica
...Memoria, acerca de la historia
Aclaración sobre José...