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La Argentina Negra

La ruta del esclavo, desde el turismo

Finalizó el seminario internacional "La ruta del esclavo en el Río de la Plata. Aportes para el diálogo intercultural".


 
Plaza San Martín y parque Lezama funcionaron como mercados de esclavos hasta bien entrado el siglo XIX. Las estancias jesuíticas de Córdoba contaron durante años con mano de obra arrancada del Africa negra, sobre todo de Angola. La Marcha de San Lorenzo fue escrita por un afroargentino, Cayetano Silva, hijo de esclavos.

Hay más: el 30 por ciento de la población porteña era de origen afro a comienzos del 1800, y en Tucumán la cifra trepaba al 64 por ciento. El tango empezó como una danza ritual entre negros -se bailaba entre hombres y su nombre original era tambo congo- , mientras que la palabra quilombo tiene sus raíces en la lengua africana de origen bantú.

Son muchos los ejemplos que hablan de una Argentina que alguna vez estuvo atravesada por la cultura africana. Poco se sabe, mucho se ha olvidado y aún más se ha negado de aquellos tiempos, aunque la esclavitud clavó su huella en América latina, el Caribe, el Mediterráneo y el océano Indico.

En 1993, Haití tomó la iniciativa para romper el silencio. Así, la primera república libre negra del mundo presentó una propuesta ante la asamblea de la Unesco que pasó a llamarse La Ruta del Esclavo. En líneas generales, el proyecto busca rescatar y difundir sitios de memoria, lugares que pueden ser turísticos y que están asociados a la mayor deportación de personas que ha existido en la historia.

"En realidad, el nombre Ruta del Esclavo no me gusta, porque la cultura de los afrodescendientes es mucho más que una cultura de esclavos", dice el catalán Jordi Tresserras, doctor en Historia y Geografía por la Universidad de Barcelona, especialista en turismo de patrimonio histórico y vicepresidente del Comité Científico Internacional del Programa de la Unesco La Ruta del Esclavo (para nombrar sólo alguno de los títulos de su extenso CV).

"De todos modos, es un nombre que se mantiene para no olvidar", añade.

El experto catalán llegó a Buenos Aires para participar del seminario La ruta del esclavo en el Río de la Plata: aportes para el diálogo intercultural , organizado por la cátedra Unesco de Turismo Cultural de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes.

Claro, en comparación con grandes núcleos esclavistas como Brasil, la Argentina podría pasar como la tierra de Heidi. Pero Tresserras asegura que la esclavitud no era cosa menor en estos horizontes.

Explica que las estancias jesuíticas de Córdoba, por ejemplo, contaban con unos 300 esclavos cada una. Las plantaciones azucareras del Norte (Tucumán, Jujuy, Salta) también echaban mano de un porcentaje importantísimo de africanos ("Eran más sumisos y mucho más resistentes que los indios", subraya Tresserras). En Buenos Aires, por otro lado, los negros se desempeñaban en tareas más bien domésticas, o eran estibadores en el puerto o vendedores ambulantes. O también estaban los gauchos negros, en las zonas rurales.

¿Qué pasó con todos ellos? Epidemias como la de la fiebre amarilla o guerras como la de la Triple Alianza barrieron con la población afro. Además -y este dato, duro, es mucho menos conocido-, a los negros no se les permitía reproducirse, para que su número no superara el de los blancos.

¿Qué vestigios quedan de la esclavitud en la Argentina?

Más allá de las estancias jesuíticas cordobesas, está lo que Tresserras llama patrimonio intangible. Puede ser un legado alegre como el candombe, por ejemplo, o en el otro extremo, el derrotero que hacían los esclavos desde que desembarcaban en el puerto de Buenos Aires hasta que llegaban a Lima.

La ruta pasaba por Córdoba y Mendoza hasta llegar a Chile, o asimismo por Santiago del Estero y las provincias del Norte, también con Chile como destino final. Es que Valparaíso era el puerto de engorde de esclavos, ya que muchos llegaban semidesfallecidos al otro lado de la frontera (el viaje se hacía mitad en carreta y mitad a pie, y muchas veces por caminos de contrabando ).

"En Valparaíso los aseaban y alimentaban, porque nadie quería vender esclavos famélicos", cuenta Tresserras, al tiempo que subraya que sería importante señalizar estos lugares como espacios de memoria.

Por Teresa Bausili
De la Redacción de LA NACION

¿Quién dijo que el turismo cultural es aburrido?
Existe el prejuicio de que el turismo cultural es aburrido, algo que Jordi Tresserras rechaza de plano.

"Se suele pensar que consiste en visitar un museo y no mucho más. Pero el patrimonio inmaterial, ese que abarca desde la gastronomía hasta la música y el baile, también es turismo cultural", explica el creador del programa de posgrado en turismo cultural de la Universidad de Barcelona.

Así, por ejemplo, Cuba, República Dominicana y Colombia cuentan con programas para aprender a bailar salsa o merengue, y Buenos Aires hace lo propio con el tango. Las rutas literarias o el turismo de cine (visitar lugares mencionados en libros o aquellos donde se filmaron películas), por otro lado, también son considerados turismo cultural. España, por ejemplo, recibe aluviones de fanáticos que quieren ver las locaciones de Vicky Cristina Barcelona , así como en su momento sucedió en Inglaterra con Harry Potter (tanto con el libro como con la película).

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Fuente: 

Diario La Nación - Suplemento Turismo - 1/11/09

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