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Operación Primicia

El 5 de octubre de 1975 un comando montonero atacó el Regimiento de Infantería de Monte 29, en Formosa, en un operativo militar de gran envergadura que ayudó a precipitar el golpe de 1976. El libro Operación Primicia reconstruye ese cruento episodio y revela que varios de los atacantes muertos durante el asalto fueron incorporados por el actual gobierno a la lista de víctimas del terrorismo de Estado.

La policía toma las huellas digitales de un guerrillero abatido en combate; atrás, las camionetas en las que se desplazaba el comando montonero - Foto Diario La Nación 
 

De los suburbios de Formosa a la costanera porteña, el bautismo de fuego del Ejército Montonero sigue haciendo ruido 35 años después. La mayoría de los guerrilleros muertos en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 el 5 de octubre de 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, ya figura en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado; además, por orden de Néstor Kirchner, esos nombres fueron agregados a los listados de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y sus parientes cobraron la indemnización prevista por una ley sancionada durante el menemismo, que en marzo de este año ascendía a 620.919 pesos.

El día que la guerrilla peronista utilizó por primera vez su uniforme azul hubo un violento combate que duró media hora, en el cual murieron doce jóvenes argentinos de cada lado, entre ellos diez soldados que a los 21 años cumplían con el servicio militar obligatorio y que para el kirchnerismo parecen haber fallecido en el bando equivocado. Lógicamente, en una provincia donde el oficialismo había ganado la gobernación con el 70 por ciento de los votos, también ellos pertenecían al vasto y heterogéneo movimiento fundado por Juan Perón.

Hoy esos soldados sólo son recordados en Formosa (sus homenajes no cruzan el río Bermejo) y sus padres tienen que arreglárselas con una pensión que en marzo era de 842 pesos. Por ejemplo, los padres de Marcelino Torales, un albañil que quería ser cantante profesional, admiraba a Sandro y murió acribillado en el dormitorio de la Guardia, deberían cobrar ese dinero todos los meses durante 61 años y medio de sus vidas para igualar la cifra que ya recibieron los herederos de cada guerrillero.

En mi nuevo libro, Operación Primicia (Sudamericana), cuento en detalle el audaz ataque de Montoneros; explico los motivos de la guerrilla peronista para deteriorar a la viuda del General; analizo su impacto en la democracia peronista; describo las reuniones entre militares y políticos que fijaron la fecha del golpe del 24 de marzo de 1976, menos de seis meses después, y revelo cómo fue que el kirchnerismo elevó a la categoría de víctimas del terrorismo de Estado a los guerrilleros que murieron durante el intento de copamiento.

Manejos políticos

Obviamente, ni los guerrilleros caídos en Formosa ni sus parientes son responsables de los manejos políticos de los Kirchner, para quienes la historia no son libros viejos: ellos han estirado y modificado el sentido de decretos y leyes de gobiernos anteriores para construir un relato histórico determinado, para fabricar una memoria colectiva sobre nuestro pasado favorable a aquella "juventud maravillosa" de los setenta, de la cual el matrimonio gobernante, sus funcionarios y sus simpatizantes se consideran los legítimos herederos.

Ese relato histórico artificial, esa épica que no existió, permite a los Kirchner soldar sus alianzas con movimientos sociales y organizaciones de los derechos humanos, provee a sus funcionarios de un escudo ético contra las acusaciones sobre supuestos casos de corrupción y les brinda una poderosa herramienta para mantener una presión constante sobre sus adversarios políticos y contra el periodismo que no es oficialista.

También mi libro anterior, Operación Traviata , rescataba un hecho dramático de los setenta que estaba ausente del discurso kirchnerista: el asesinato de José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT, en 1973. Operación Primicia va a contramano de los deseos del oficialismo y de la mayoría de los libros sobre nuestro pasado reciente, que, por distintas razones, siguen evitando una mirada crítica sobre la actividad de los grupos guerrilleros entre 1973 y 1976.

Montoneros acostumbraba a elegir un nombre para sus principales acciones. Así, el secuestro y asesinato del general Pedro Aramburu, que marcó su nacimiento, se llamó Operación Pindapoy, y el asesinato de Rucci, Operación Traviata. El ataque al cuartel de Formosa fue conocido como Operación Primicia debido a que fue el primer ataque de la guerrilla peronista a un cuartel militar, el inicio de la lucha directa contra las Fuerzas Armadas.

"Primicia" es una palabra utilizada por los periodistas para referirse a un hecho valioso que se revela por primera vez. "Queríamos que la prensa y el pueblo se dieran cuenta rápidamente de la importancia de este copamiento a un cuartel, que era el primero por parte de Montoneros e indicaba un salto militar nuestro: la decisión de luchar contra el Ejército, al que veíamos definitivamente tomado por la oligarquía y el imperialismo", me confió un periodista que militó activamente en Montoneros.

El abogado Pedro Velázquez Ibarra, uno de los impulsores en Formosa de los juicios a militares por la violación de derechos humanos, me contó que fue similar la explicación que le dio el ahora diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel cuando en la cárcel, en Resistencia, durante la dictadura, él, que no era montonero, criticó con dureza el ataque al cuartel. Según Velázquez Ibarra, Kunkel le contestó: "La gente tenía que entender que había dos ejércitos: uno, el ejército represor, y otro, el ejército montonero". Kunkel no quiso ser entrevistado para dar a conocer su opinión ni para aclarar algunas cuestiones sobre el tema que circulan en Internet.

Operación Primicia fue una acción que parece salida de un guión cinematográfico. Casi setenta combatientes participaron en forma directa en este operativo, que tuvo cinco fases, algunas de ellas simultáneas: 1) secuestro del Vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, con 102 pasajeros y seis tripulantes, que a la altura de Monte Caseros, Corrientes, fue desviado a la ciudad de Formosa; 2) copamiento del aeropuerto internacional "El Pucú", en la entrada de la capital formoseña, donde los montoneros mataron un agente de policía y tomaron más de doscientos rehenes; 3) asalto al regimiento, el segundo de todo el país de acuerdo con Montoneros. Los guerrilleros imaginaban que los soldados conscriptos no ofrecerían resistencia, pero calcularon mal, ya que en media hora de combate hubo veinticuatro muertos; 4) los guerrilleros que sobrevivieron al ataque se replegaron hacia el aeropuerto y fugaron en el Boeing 737-200 de Aerolíneas, el avión más moderno de la empresa estatal, y en un Cessna 182 de cuatro plazas que sirvió para confundir en el aire a los perseguidores; 5) aterrizaje del avión de Aerolíneas a 700 kilómetros de Formosa, en una pista preparada por otro pelotón en una estancia en Santa Fe, cerca de Rafaela (el Cessna bajó en las afueras de la ciudad de Corrientes, en un arrozal).

El diseño de la operación fue complicado porque Montoneros no tenía un buen desarrollo en Formosa y tuvo que traer todos los combatientes de cinco provincias: Buenos Aires, Santa Fe, Chaco, Corrientes y Misiones, en un total de nueve vehículos, aparte del pelotón formado por siete "cuadros" que secuestró el Boeing 737-200 y del "oficial" que trajo el Cessna 182 desde Resistencia.

Roberto Perdía me contó que la operación fue planificada por el "oficial superior" Raúl Yaguer, más conocido como "El Gringo", "Roque" o "Mario", un ingeniero químico santafesino metódico y cáustico que era el número cuatro de la cúpula de Montoneros. Los tres primeros en la jerarquía, Mario Firmenich, Perdía y Roberto Quieto, aprobaron el ataque.

El asalto al cuartel comenzó aquel domingo a las 16.25, en plena siesta formoseña. La guardia estaba a cargo de un grupo de soldados conscriptos formado por los más pobres, los que no tenían dinero para visitar a sus familias en el interior de Formosa, como Hermindo Luna, que había cambiado su franco por unos pocos pesos con un colega de la capital provincial, y los más generosos, como Edmundo Sosa, un muchacho sin padre que reemplazaba a un camarada que había viajado a Clorinda a ganarse unos pesos cargando bolsas de harina de contrabando a Paraguay; dos semanas antes, Sosa había postergado su baja para que se fuera en su lugar un compañero que ya tenía dos hijos que alimentar. La mayoría de los suboficiales y oficiales estaba de franco y muchos dormían en el barrio militar, frente al cuartel. El jefe, el coronel Dardo Argentino Oliva, había viajado a Resistencia para jugar al polo con sus amigos artilleros.

Los soldados Luna y Sosa fueron dos de los diez conscriptos muertos en el cuartel, junto con un subteniente de 21 años, Ricardo Massaferro, hijo de un mayor retirado que era peronista, había participado en la Resistencia y hasta había brindado entrenamiento militar a grupos montoneros. También murió el sargento primero Víctor Sanabria, un formoseño de 32 años que dejó dos hijos: Carlitos, de 7 años, y Roxana Elizabeth, de once meses.

Persecución y venganza

Luego del ataque, cuando los guerrilleros sobrevivientes ya habían aterrizado en un campo en Santa Fe, patrullas militares salieron de recorrida por toda la ciudad y mataron a tres vecinos formoseños que no habían tenido nada que ver con el intento de copamiento.

Es decir que, en total, fueron veintiocho los muertos en Formosa aquel domingo trágico.

En aquel contexto, encontrar y castigar a quienes los habían desafiado con una operación militar a la que el propio Videla elogia hoy como un "planeamiento magistral poco común", fue una obsesión para muchos jefes militares que detuvieron, interrogaron e incluso mataron a muchos sospechosos sin intervención de la Justicia. Meses después, la dictadura que surgió tras el golpe de marzo de 1976 secuestró, torturó, hizo desaparecer y asesinó, bajo la forma de fugas y tiroteos inventados a muchos sospechosos de haber participado de aquel ataque. Durante años, lo que hoy se conoce como la masacre de Margarita Belén que investiga la Justicia, en la que fueron asesinados 22 presos que estaban siendo trasladados de Resistencia a Formosa, fue presentado por las autoridades militares como un tiroteo durante un intento de fuga. Pero la versión oficial fue desmentida en 2001 por el propio jefe del Ejército, el general Ricardo Brinzoni quien admitió que aquello había sido "Un fusilamiento encubierto de detenidos". Para muchos, una venganza por el ataque al cuartel de Formosa.

Operación Primicia conmovió a la opinión pública, al gobierno, al peronismo y a los militares. Cuando el cuartel de Formosa fue atacado, Isabel Perón estaba de licencia en Ascochinga y la Presidencia era ocupada en forma interina por el titular del Senado, el santafesino Italo Luder.

El gobierno peronista reaccionó al ataque con tres decretos que ordenaron a las Fuerzas Armadas la ejecución de "las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país". Todavía hoy, cuando intentan justificar las violaciones de los derechos humanos, los militares dicen que ellos sólo cumplieron con esta orden a pesar de que en 1985, en el juicio a las juntas militares, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal falló en contra de ese argumento.

Luder se basó en el decreto 261, secreto, del 5 de febrero de aquel año, firmado por Isabel y sus ministros, que había delegado en las Fuerzas Armadas la lucha contra la guerrilla en la provincia de Tucumán, donde el ERP, la guerrilla trotskista, buscaba crear una zona liberada.

Carlos Ruckauf era un joven ministro de Trabajo y es uno de los pocos sobrevivientes de aquel gabinete, junto con Antonio Cafiero. Ruckauf recordó que "Luder dijo que había que ampliar el área de influencia de las Fuerzas Armadas a todo el país y que iban a enviarse esos decretos de inmediato al Congreso, y que se iban a mandar, además, dos proyectos de ley que explicaban la forma de aplicar los decretos y el mecanismo de control que iba a haber por parte del poder político sobre las fuerzas militares, que obviamente nunca se ejecutó: los tipos hacían lo que querían e inclusive detenían a compañeros nuestros y no sabíamos qué pasaba".

Oro y bronce

La columna montonera contó con la ayuda de un soldado conscripto, el santafesino Roberto Mayol, que era "oficial segundo" de Montoneros en Santa Fe, donde había dirigido ataques contra la corresponsalía de la agencia estatal de noticias Telam y el Club del Orden, un reducto de la aristocracia local a la que pertenecía su propio padre, un prestigioso abogado.

Mayol había llegado castigado desde el batallón ubicado en Fray Luis Beltrán, cerca de Rosario. El también tenía 21 años y murió en el cuartel; su breve pero intensa juventud permite comprender qué les pasó a tantos como él en aquella época de utopía y violencia. Se había formado con los jesuitas en el Colegio de la Inmaculada Concepción, "La Inmaculada", donde se educa la elite santafesina; venía del progresismo católico, y se destacaba por su carisma.

Mientras los ex conscriptos formoseños lo recuerdan como "el soldado entregador", muchos de quienes fueron montoneros lo consideran un héroe, un mártir, un "cura laico" o por lo menos una víctima del terrorismo de Estado. Lo mismo ocurre con otros guerrilleros muertos en el cuartel, que han sido homenajeados en sus pueblos o ciudades y en los colegios y universidades que frecuentaron. Más relevante aún que eso: ocho de esos doce montoneros figuran en los nuevos listados del Nunca Más como víctimas de "ejecución sumaria", una categoría creada por la Secretaría de Derechos Humanos durante el kirchnerismo.

Dos precisiones: los testimonios recogidos indican que esos jóvenes no fueron fusilados por los militares sino que hasta sus propios compañeros admitieron que murieron durante el ataque al cuartel, y la Conadep fue creada por el presidente Raúl Alfonsín en 1983 para "esclarecer los hechos relacionados con la desaparición de personas" durante la última dictadura. En ese sentido, la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, una de las personalidades que formó parte de la Conadep, recuerda que recibieron denuncias "acerca de aproximadamente 600 secuestros que se habrían producido antes del golpe militar", de las cuales la Conadep no se pudo ocupar porque estaba fuera de su alcance.

Los nuevos listados de la Conadep fueron presentados en la Feria del Libro de 2006 y esos ocho guerrilleros constituyen apenas la punta del iceberg: en total, son 526 las personas que figuran como muertos por "ejecución sumaria" entre los golpes de 1966 y 1976. Allí hay de todo: víctimas de grupos paramilitares; atacantes de comisarías y cuarteles durante las cuatro presidencias constitucionales del peronismo, entre 1973 y 1976; militantes que estaban armando o colocando bombas y hasta un joven que fue fusilado por Montoneros acusado de traidor y delator, en Córdoba.

REUNION CUMBRE
 

Hasta Operación Primicia todos los ataques a cuarteles habían sido realizados por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la guerrilla trotskista. Montoneros siempre se había preocupado por mantener sus puentes con sectores del Ejército: pensaba que había que integrarlos al frente nacional que concretaría la revolución, a diferencia del ERP, que no hacía distinciones y lo consideraba una fuerza enemiga, irrecuperable en bloque.

Tanto era así que pocos meses antes de Operación Primicia la cúpula de la guerrilla peronista pidió una reunión de alto nivel al jefe del Ejército, el general Leandro Anaya. El contacto fue realizado por el periodista Norberto Habegger con el general Albano Harguindeguy, a quien conocía desde octubre de 1973. Harguindeguy, que luego fue un poderoso ministro del Interior de la dictadura, me dijo que Anaya le ordenó que lo representara en ese encuentro, que se realizó a bordo de un auto, posiblemente un Ford Falcon, "que iba recorriendo despacito toda la avenida General Paz, de una punta a la otra". En el asiento trasero iban Harguindeguy y Roberto Perdía, el número dos de Montoneros. Perdía le propuso una alianza para depurar al Ejército de los oficiales que no eran confiables y Harguindeguy le prometió que transmitiría el mensaje, pero le anticipó su opinión: "Yo le dije: ´Ustedes sigan así y les vamos a matar a tres mil tipos y después nos vamos a sentar a discutir otra vez´". No fue el único encuentro entre ellos, según me contaron tanto Harguindeguy como Perdía, cada uno por su lado.

"¿POR QUE PARA NOSOTROS NO HAY RECONOCIMIENTO?"

El testimonio de Carlos, hijo del sargento primero Víctor Sanabria, asesinado en el cuartel
"Cuando mataron a mi papá yo tenía 7 años, mi hermana 11 meses y mi mamá 29 años. Vivíamos en el barrio militar, frente al Regimiento. Recuerdo los disparos, las detonaciones, el humo, los gritos de mi mamá y su llanto cuando le trajeron la noticia.

No hubo ayuda económica para mi familia ni por parte del Ejército ni por la del estado nacional. ¿Por qué para los familiares de desaparecidos sí y para nosotros -como víctimas igual que ellos, cada uno tendrá su derecho- nunca hubo reconocimiento económico? Sí lo hubo en lo moral, mi provincia reconoce a sus muertos y todos los 5 de octubre se hace un desfile en conmemoración en el que toda la gobernación y el pueblo participan.

"Muchas veces, cuando hablo de estas cosas, me han dicho que quiero justificar lo que hicieron los militares después, o me han acusado de torturador, de dictador, o que justifico la dictadura, y no es así. Yo recuerdo la memoria de mi padre, que era peronista, como mi abuelo y mis tíos, y de sus compañeros. Del 76 en adelante es otra historia. Estoy de acuerdo en que se haya juzgado a los militares que reprimieron ilegalmente, pero creo que deberían ser juzgados también los que mataron a mi padre y en cambio caminan por la calle.

"También me han preguntado muchas veces si me sentaría a hablar con un hijo de desaparecidos o con un ex guerrillero. Sí, claro que sí, es bueno tratar de entender a cada uno, pero hay que hablar sin odio ni revanchismo, y sin querer justificar lo que se hizo. Esto se soluciona hablando y reconociendo los errores del pasado. Yo hoy pienso que cada vez hay más injusticia porque falta la verdad histórica, y no estoy a favor de los militares, pese a que mi papá fue militar, ni de la forma en que pararon la guerra, pero hoy hay una verdad parcializada."

por Ceferino Reato

LA MATRIZ MESIANICO DE MONTONEROS
por Beatriz Sarlo

Ceferino Reato señala con acierto la influencia que los Sacerdotes para el Tercer Mundo tuvieron sobre la radicalización política de los católicos latinoamericanos. En su libro Operación Primicia menciona el Ateneo de Santa Fe, agrupación del progresismo católico, y a varios curas y obispos, entre ellos al de Formosa, monseñor Pacífico Scozzina. Revisando viejos papeles encuentro un documento de un grupo de curas enviados por Scozzina a Ingeniero Juárez, Formosa, en 1969, "a fin de llevar el mensaje de liberación traído por Cristo y reafirmado recientemente por los obispos de toda América Latina reunidos en Medellín". La policía del paraje los persigue y ellos se fortalecen con un paralelo heroico: "Los primeros cristianos fueron acusados de hechiceros, de asesinos de niños y de ateos, pero no vacilaron en morir sin ceder nunca al autoritarismo del César".

Este era el clima ideológico de una confluencia entre la política radicalizada y el catolicismo tercermundista, que tuvo un órgano influyente desde su emblemático título: Cristianismo y revolución . En esa revista, en junio de 1971, cuatro años antes de Operación Primicia, Perón dirige a las "formaciones especiales" una famosa carta donde les promete el "trasvasamiento generacional". Todavía creía que las FAR y los Montoneros podían ser piezas en la guerra de posiciones que él libraba con el gobierno militar y también con sectores más inclinados a la negociación que a reclamar los derechos políticos de su líder. Perón dice, sin medir las consecuencias, que las formaciones especiales (los militantes armados) son la autodefensa del movimiento "en la lucha directa de todos los días dentro de las formas impuestas por la guerra revolucionaria".

Montoneros había nacido bajo el signo de una operación audaz: el secuestro, juicio y ejecución de Pedro E. Aramburu. Esa acción fue un verdadero mito de origen. El militarismo montonero eligió como comienzo un hecho en el cual todo estuvo atravesado por el Ejército: los guerrilleros disfrazados de militares para sacar al general Aramburu de su casa; el relato marcial del juicio y fusilamiento que publican años después. Les gustaban los grados militares y los uniformes, como lo señaló Pablo Giussani en un libro de 1984 que nadie cita hoy, pero fue el primero que hizo honor a su título: Montoneros, la soberbia armada .

Esta carga simbólica ensombrece los hechos que reconstruye Ceferino Reato en Operación Primicia . En 1975 el militarismo se había convertido en idea estratégica y caracterización política. Montoneros se pensaba como vanguardia armada del Pueblo. Más que el leninismo clásico, los influyen fenómenos tercermundistas. La revolución china y otras revoluciones asiáticas (cuyos líderes el mismo Perón citaba como hermanos), donde el partido comunista y las organizaciones militares estuvieron intricadamente unidas. Mao fue un conductor político y militar, a quien las fotos muestran casi siempre vestido de soldado. En Vietnam, la guerra anticolonial contra los franceses, y luego contra los Estados Unidos, unía la dimensión militar y la política. Pero fue sobre todo la revolución en Cuba, donde un grupo muy pequeño de hombres decididos desató, desde Sierra Maestra, la caída del régimen dictatorial de Batista. Cristianismo y guevarismo (un derivado foquista de la revolución cubana) se funden en la matriz ideológica de Montoneros.

El elemento verticalista y jacobino también define su ideología. La revolución debe depurarse de los vacilantes y los cobardes (como lo atestiguan los juicios realizados por la organización a militantes considerados culpables de faltas graves). El filósofo italiano Remo Bodei escribe que, en el momento jacobino de la revolución, "el terror se vuelve racional y la razón terrible": Santa Guillotina. El militarismo y el mesianismo son ideologías verticalistas, de concentración del poder en pocos dirigentes "virtuosos" y de gestión secreta de las decisiones, porque las tácticas a seguir no pueden ser llevadas a término de otro modo. Dependen del secreto y el secreto modela a sus dirigentes.

Montoneros era dinamita ideológica, en la que confluían el cristianismo milenarista de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, cuyo mensaje secularizado exhortaba a realizar el Reino de Dios en esta tierra; los retazos marxistas de quienes, como Roberto Quieto, venían del Partido Comunista cargando el peso de que la "izquierda no había entendido al peronismo" y que el PC había traicionado su origen revolucionario por sus tendencias pacifistas; el nacionalismo antiimperialista que soñaba con convertir al heteróclito peronismo en un movimiento de liberación. A esto se suman cualidades dispares: el rasgo aventurero y sin principios de dirigentes como Firmenich, a quien la muerte de otros lo puso en el primer plano, y la ética sacrificial de jefes como el mítico Sabino Navarro y como dicen que era el mismo Yaguer, organizador de Operación Primicia. El resultado es un compuesto que tenía como resolución casi inevitable la violencia, porque caracterizaba la situación política en términos de una guerra que ya mismo debía comenzar a pelearse con las armas.

Montoneros no pudo comprender que los conscriptos del Regimiento de Infantería de Monte, en lugar de entregarse, se resistieran con sus armas y murieran diez de ellos. No supo ver que una operación bien planificada podía ser, al mismo tiempo, un error político inmenso. Ceferino Reato cita el testimonio de un coronel del regimiento: los conscriptos "ya habían jurado defender la bandera y eso era algo muy serio para ellos porque vivían en una zona de frontera..." La dirección de Montoneros no sabía qué iba a encontrar dentro de ese cuartel y descontaba que esos chicos pobres del monte se rendirían de inmediato. Un error cultural que también cometió el Che en Bolivia: no supo leer cómo eran los campesinos de la zona donde estableció el foco guerrillero. No se carecía de inteligencia militar sino de información sobre las bases sociales que eran objeto y sujeto de la liberación.

Los Kirchner tienen más rasgos de los setenta de lo que ellos creen, pero esos rasgos son diferentes de las cualidades con las que quieren presentarse. Su versión despeja el militarismo (y la arrogancia, escribe Reato) de las organizaciones armadas y se ocupa de la militancia de superficie, juvenil y barrial: cuentan el momento romántico de la revolución. Sólo evocan la voluntad transformadora, no sus tácticas. Al depurar a la Juventud Peronista de su dirección militarista montonera, el pasado no se entiende bien. Reato tiene la hipótesis, sostenida en documentos, de que Operación Primicia fue la acción fundadora del Ejército Montonero, el hecho militar que los enfrentaría definitivamente con las fuerzas armadas.

Los Kirchner hacen un uso instrumental de este pasado. Sin respeto, lo amarran a sus necesidades coyunturales. Ceferino Reato afirma que guerrilleros muertos en combate aparecen en los nuevos listados (ampliados durante el gobierno de Kirchner) de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y sus nombres en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Esa mezcla señala la displicencia con la que se tiran cifras y se narra el pasado. La memoria necesita bases sólidas y alguna coincidencia sobre lo sucedido.

Los que pertenecimos a la izquierda revolucionaria, guerrillera o no, si queremos seguir pensando el presente sin olvidar el pasado, tenemos que recordarlo de la manera más exacta posible, fáctica y conceptualmente exacta, incluso sabiendo que la narración histórica es siempre interpretativa. Está el marco de la definición jurídica: los crímenes imprescriptibles del terrorismo de Estado. En el relato habrá disidencias. Sin embargo, establecidos ciertos hechos, para sostener otra versión son necesarios los documentos. No se trata de recordar cualquier cosa, como si cualquier memoria fuera, por el hecho de presentarse como tal, justa, como si el sufrimiento de miles sirviera como escudo en lugar de transformarse en energía moral.

 

Fuente: 

Diario La Nación 29/8/2010

Informacion Adicional: 

Carta de lectores publicada en el diario El Comercial, del 30 de septiembre del 2000:

 

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