Ninguna tumba guardará su canto
segunda guerra mundial
Por primera vez, rusos y polacos recordaron juntos la masacre de Katyn
Putin desligó al pueblo ruso de la matanza. Hace 70 años, Stalin ordenó el asesinato de 22 mil militares y civiles polacos.

Tusq (izq.) y Putin ayer, durante el emotivo acto de recuerdo a las víctimas de los asesinatos - Foto Diario Clarín
Lo que distancia a esos pueblos es mucho e intenso, aunque tal vez desde ayer algo haya cambiado. Por primera vez, gobernantes rusos y polacos participaron juntos de los homenajes a las víctimas de la masacre de Katyn, como se conoce el asesinato de unos 22 mil intelectuales y militares polacos en territorio soviético ordenado por Josef Stalin durante la II Guerra. Luego de haber adjudicado por décadas ese crimen a los nazis, Rusia reconoció su participación en la matanza en 1990, durante el gobierno de Mijail Gorbachov; en 1992 Boris Yeltsin entregó pruebas de los hechos y desde 2002 hay un comité conjunto comprometido con investigar lo sucedido. Los polacos quieren un pedido de perdón que no llega, un perdón que también exigen por las décadas de ocupación por parte de los rusos, que terminó recién en 1989. Al cumplirse 70 años de la masacre, el premier ruso Vladimir Putin y su par polaco, Donald Tusk, conmemoraron juntos a los caídos.
La cita fue en el cementerio de soldados junto a Smolensk, sobre la frontera con Bielorrusia, el lugar en donde entre 1940 y 1941 los servicios secretos soviéticos enterraron a unos 22.000 oficiales e intelectuales polacos, asesinados de un tiro en la nuca en territorio ruso, ucraniano y bielorruso. Los nazis descubrieron las macabras fosas en su avance hacia el Este, en 1943.

En su discurso, Putin fue muy duro con Stalin ("un totalitarismo inhumano") aunque quitó toda responsabilidad al pueblo ruso y no mencionó a los servicios secretos, autores de la masacre y también la institución de la que proviene él mismo. Putin pidió a los polacos no politizar este episodio, heredado por Rusia de la ex URSS. Stalin "sembró el terror y forzó a las personas a obedecerlo a ciegas", dijo. "Las represiones aplastaron personas sin tener en cuenta su nacionalidad, convicciones o creencias (...) la lógica era una sola: sembrar miedo", señaló Putin, quien aseguró: "Estos crímenes no tienen ninguna justificación. En nuestro país ya se ha dado una clara valoración política, jurídica y moral a las maldades cometidas por el régimen totalitario. Y esta valoración no admite ninguna revisión". "Nuestro pueblo, que sufrió los horrores de la guerra civil y la colectivización forzosa, comprende muy bien -tal vez, mejor que ningún otro- qué significa Katyn para cada familia polaca", señaló Putin.
El premier polaco Tusk, quien había recibido el 1° de septiembre pasado a Putin en Westerblatte, territorio polaco, para los homenajes por los 70 años del comienzo de la II Guerra, siguió en su línea conciliatoria, al manifestar su confianza en que "la palabra verdad pueda unir a ambos pueblos".
Entre los asistentes a la ceremonia estaban el ex presidente Lech Walesa, quien calificó la presencia de Putin de "gesto notable". También estaba presente el célebre cineasta polaco Andrzej Wajda, director de un filme precisamente titulado Katyn, que narra la historia de la tragedia desde el punto de vista de las víctimas. El padre del anciano Wajda (80) fue uno de los oficiales asesinados en los bosques soviéticos. Su película, estrenada mundialmente tres años atrás, recién pudo superar la censura rusa el viernes pasado, cuando fue transmitida por el canal estatal Kultura.
Diario Clarín 8/4/2010
Qué fue la matanza de Katyn:
Después de que la Alemania nazi y la URSS firmaran en 1939 el pacto de no agresión Mólotov-Ribbentrop, que dejó las manos libres a Hitler para atacar Polonia e iniciar la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo irrumpió en las regiones orientales polacas.
Katyn, cerca de la ciudad de Smolensk, junto a la frontera con Bielorrusia, es el nombre genérico bajo el que se conoce la matanza por los servicios secretos soviéticos en 1940 y 1941 de unos 22.000 oficiales y e intelectuales polacos, asesinados de un tiro en la nuca en territorio ruso, ucraniano y bielorruso.
El abogado Boleslaw Skapsi fue uno de los civiles ejecutados. Andrej creció sin su padre.
“El 3 de junio de 1943, el nombre de mi padre aperció en una lista de cuerpos exhumados. Yo entonces tenía cinco años, y desgraciadamente ya había perdido también a mi madre. Ella había fallecido seis meses antes, había pasado todo ese tiempo sin saber que era viuda”, explica Andrej.
La matanza de Katyn fue negada durante medio siglo por la URSS, que acusó de ella a las tropas nazis, después de que éstas, en su avance hacia el Este descubrieran en 1943 las fosas comunes con los restos de los militares polacos asesinados.
“Desde que se descubrieron los primeros restos de oficiales polacos en un bosque, a las afueras de Smolensk, la matanza de Katyn estuvo rodeada de innumerables manipulaciones y mentiras, sobre todo de parte de los autores de la masacre, La Unión Soviética y sus líderes, que inmediatamente intentaron echarle la culpa a los alemanes. Y mantuvieron esta versión durante toda la posguerra y la era de la República Popular polaca”, cuenta un historiados polaco.
Sólo en 1989 el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, reconoció la responsabilidad de la URSS por aquella matanza, y en 1992 el primer presidente ruso, Borís Yeltsin, entregó al entonces jefe de Estado polaco, Lech Walesa, documentos que probaban la matanza.
Pero la justicia rusa ha rechazado una y otra vez las demandas y recursos de las familias de las víctimas, que buscan su rehabilitación. Desde el 2006, Varsovia espera que la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo califique de “crimen contra la humanidad” lo ocurrido.
Fuente: Europress






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