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Recuperan historia de la revolución juchiteca

El movimiento iniciado a finales de 1911 fue encabezado por José F. Gómez. La investigación incluye un disco compacto con los documentos citados.

El movimiento independentista “campesino, violento y valeroso” que José F. Gómez (1858-1911) encabezó en el Istmo de Juchitán, en Oaxaca, en noviembre de 1911, es registrado en el libro Cuarenta días que conmovieron al Istmo. Hemerografía, documentos y testimonios del movimiento chegomista, de Elisa Ramírez Castañeda.

El volumen tiende un vínculo con el libro Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, y es un esfuerzo por recuperar los movimientos indígenas sucedidos en México y apreciar el pasado como una materia “que se mueve” para poder valorar el presente con una visión más amplia. Ramírez Castañeda retoma una frase de Walter Benjamin para explicar esto: “Recuperar la memoria que brilla como un relámpago que alumbra el futuro”.

El movimiento chegomista, iniciado el 2 de noviembre de 1911, se debió básicamente a la orden que Benito Juárez Maza, Juárez chico, como es conocido en el Istmo, dio respecto a sustituir al entonces jefe político de Juchitán, José F. Gómez. La disputa por el poder gubernamental derivó, en gran medida, de la bonanza que experimentaba aquella región en ese momento, gracias al Ferrocarril Transístmico, introducido por Porfirio Díaz, que realizaba 28 viajes diarios y reportaba más de 10 millones de pesos de ganancias anuales.

Gómez no aceptó entregar la jefatura política, también solicitada por el presidente del país, Francisco León de la Barra. El pueblo se unió entorno al Che Gómez, debido a las amenazas de la federación de enviar tropas militares al Istmo, para apaciguar las manifestaciones de descontento social contra la entidad y la república. Las tropas, 4 mil hombres, fueron enviadas a Juchitán, que contaba con 6 mil habitantes, e inició “el único levantamiento zapoteco con motivos y reivindicaciones propias”, a decir de la autora.

“Fue una revolución en un estado peculiar encabezada por un líder carismático. Un ejemplo que no puede explicarse comparándolo a otras regiones ni siquiera del mismo estado. Conflicto entre los representantes de un poder tradicionalista y los líderes que encabezan descontentos regionales, cuando las autoridades locales se afiliaban y buscaban resquicios para reacomodos”.

El movimiento fue sangriento. Tropas, ametralladoras, cañones, carabinas y machetes relucieron en una semana de luchas intensas, del 2 al 8 de noviembre, detalla Ramírez Castañeda. Fueron casi 300 los muertos de ambos bandos: federales y chegomistas, y luego de la revuelta diversas mujeres y hombres de Juchitán fueron provistos de sacos, por los militares, donde colocaron los huesos que el Río de los Perros arrastraba. El líder juchiteco fue asesinado el 5 de diciembre de 1911, junto a ocho de sus lugartenientes.

Cuarenta días que conmovieron al Istmo. Hemerografía, documentos y testimonios del movimiento chegomista incluye un anexo con fotografías de la colección particular de Francisco Toledo y un disco compacto con los documentos completos, citados en el volumen. Diarios como El Imparcial, El Correo del Sur, El País, La Patria, El Demócrata Mexicano, son citados e incluidos digitalmente en la edición, muchos de ellos con versiones contradictorias hechas para apoyar o detractar a uno u otro bando.

Testimonio de Francisco Toledo

“José F. Gómez fue un revolucionario que se enfrentó a Benito Juárez Maza, supe más de él a través de las historias de la familia, porque era el tío abuelo de mi padre. Me interesó tanto ese personaje que cuando se hizo la Casa de la Cultura en Juchitán, hicimos una exposición alrededor de la figura del Ché Gómez. Había documentos en el Archivo General de la Nación, en los periódicos de la época y encontramos un familiar que tenía cartas, telegramas y fotografías, una hija del Ché Gómez a quien le compramos estos documentos que están en la Biblioteca Burgoa, porque allí también están los archivos de Benito Juárez Maza. Los archivos de este familiar fueron a dar allá, para que estuvieran juntos.

“Para mí, desde niño fue muy importante el Ché Gómez. Mis tías siempre decían que yo me parecía al Ché Gómez porque era muy moreno. De algún modo, haber venido a Oaxaca a estudiar era seguir los pasos del Ché Gómez, quien había estudiado en el Instituto de Ciencias y Artes para abogado.”

por Alonso Aguilar Orihuela
 

Fuente: 

www.milenio.com

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