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Rescate de edificios porteños
Por sus valores históricos y arquitectónicos, la Confitería del Molino y otras valiosas edificaciones merecen conservarse.
El tema de la preservación del patrimonio arquitectónico porteño está esperando todavía una larga -y ojalá que fructífera- discusión.
El año pasado concluyó con dos noticias emparentadas: en primer lugar, la concesión, por parte de la Justicia, del recurso de amparo presentado por seis ONG de defensa del patrimonio edificado para que se protegiera a los edificios anteriores a 1941 con valor patrimonial del riesgo de ser demolidos sin haber sido antes catalogados (porque no se había renovado en la Legislatura la vigencia de la ley 2548, que los protegía). Y en segundo lugar, el envío, por parte del Ejecutivo porteño, de un proyecto para expropiar el edificio de la emblemática Confitería del Molino, ubicada frente al Congreso Nacional y cerrada hace 14 años, para que sea entregado en concesión a un privado.
Como la oposición ya había presentado antes varias iniciativas en el mismo sentido que no prosperaron, se cree muy probable que esta vez el proyecto de expropiación ingresado en la Legislatura sea aprobado (se necesitan 31 votos para lograrlo). Si ello ocurre, la confitería, que ya ha sido declarada monumento histórico nacional, podría recuperarse por fin del estado de abandono en el que está y que es perfectamente visible para cualquier transeúnte que pase por esa neurálgica zona de nuestra historia política, social y cultural.
Aunque en principio sólo se reabra con el mismo nombre una confitería en la planta baja, porque deberá discutirse con la oposición el destino que se dará a los otros pisos del edificio, el hecho mismo constituiría ya un triunfo de la razón y el sentido común. A todos los que aman el patrimonio de la ciudad de Buenos Aires les duele ver cómo uno de sus máximos exponentes se va deteriorando día tras día y con él todo el vecindario. La sola enumeración de los materiales nobles empleados para su construcción (mármoles, bronces, cerámicas, cristalería y más de 150 m2 de vitrales, hechos traer directamente de Italia) deberían haber convocado antes a la acción, incluso a los diputados y senadores que eran sus vecinos y clientes habituales antes de que cerrara.
Por muchos motivos, la Confitería del Molino podría transformarse así en un excelente ejemplo de rescate del patrimonio urbano: por sus valores arquitectónicos e históricos.
Hay una voluntad ciudadana por revalorizar aquellos lugares que hablan de esa identidad y las autoridades deberían afinar su percepción sobre ello.
El veto del Ejecutivo porteño al proyecto de ley de recuperación del cine Aconcagua, en Villa Pueyrredón, del 29 de diciembre pasado, obedeció a que la sala "se encuentra ubicada en la comuna 11, donde ya existen centros culturales dependientes del gobierno de la ciudad". En la zona hay, efectivamente, dos bibliotecas y un centro cultural, el Devoto, pero no una sala como el ex cine Aconcagua, con capacidad para 1200 personas, sala que de haber conocido épocas de esplendor en los años 50 pasó a convertirse en un templo evangelista, que posteriormente también cerró.
Es por eso que los vecinos han creado una asociación civil para continuar con su reclamo y pedir ahora una reunión con el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, aunque el tema deberá ser evaluado por la Comisión de Asuntos Constitucionales.
Es hora de debatir entonces para tratar de ponerse de acuerdo con respecto a estos y muchos otros temas de patrimonio arquitectónico urbano que seguirán surgiendo y ahora más que nunca. Los habitantes de Buenos Aires tienen derecho a que se les garantice que el paisaje urbano y los edificios que están en él serán respetados y, en los casos en que sea posible, adaptado su uso a las necesidades contemporáneas.
Diario La Nación 25/1/2012






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