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Se cumplen 100 años de la partida de Porfirio Díaz en el Ypiranga

El mítico buque que llevó al exilio a Díaz, tuvo una historia similar a la del dictador; protagonizó episodios de la historia nacional.

El 31 de mayo de 1911, al filo del mediodía, Díaz, junto con su familia, abordaron el buque de vapor. Ypiranga es una palabra ancestral, estrechamente ligada a la historia de México; ese fue el nombre del buque de vapor alemán que hace cien años —el 31 de mayo de 1911— se llevó al exilio a Porfirio Díaz, en un viaje trasatlántico de 24 días, seis días después de que el general renunciara a su cargo terminó una dictadura de más de 30 años.

Es la misma embarcación, en 1914, en el apogeo de la lucha revolucionaria, trajo a México un cargamento de armas —200 ametralladoras y 15 millones de cartuchos— para Victoriano Huerta, que terminó por detonar la segunda intervención de Estados Unidos en México, que de por sí los gringos ya tenían preparada, con el pretexto de deponer al gobierno usurpador de Huerta.

Ypiranga es una palabra de origen tupi-guaraní, idioma con el cual se comunicaban los pueblos originales de una parte de Sudamérica, principalmente de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Fue el idioma que los colonizadores escucharon cuando llegaron a esa parte del nuevo mundo en el siglo XVI.

Ypiranga es un topónimo donde Y significa agua y piranga, rojo, lo que en español significaría agua roja. También es el nombre de un riachuelo que está en Sao Pablo, Brasil, que es el caudal donde en 1822, Dom Pedro —hijo del rey portugués Dom Joao VI—, proclamó la independencia de Brasil.
Pero también Ypiranga es el nombre que decidió darle a uno de sus barcos a principios del siglo XX la empresa Hamburg-Amerikanische Packetfahrt Aktien Gesellschaft (Hapag), considerada como la primera naviera alemana trasatlántica de vapores, que fue fundada en 1847 y, actualmente existe, pero ahora con el nombre de Hapag-Lloyd.

La embarcación que llevó a Porfirio Díaz y a parte de su familia al exilio a París, prácticamente era nueva cuando la abordaron en el Puerto de Veracruz, el 31 de mayo de 1911. El Ypiranga fue botado el 8 de mayo de 1908, en el astillero Krupp Germaniawerft, en la ciudad de Kiel, según los archivos de Hapag-Lloyd, consultados por Excélsior, y su primer viaje entre Hamburgo y Brasil lo hizo el 14 de octubre de ese mismo año.

Originalmente, el buque Ypiranga, de dos mástiles y una chimenea al centro, con capacidad para mil 311 pasajeros, 136 de primera clase, 126 de segunda y mil 49 pasajeros en tercera, cubría la ruta Hamburgo-Brasil, pero en 1911, justo en el viaje para el exilio de Díaz cambió esa ruta por la Hamburgo-Cuba-México.

El Ypiranga, de ocho mil 103 toneladas, en la historia de México es protagonista en dos momentos clave, 1911 y 1914. Navegó hasta 1950. Durante sus 42 años de existencia surcó los mares con su nombre original, Ypiranga, y luego con otros tres distintos: Assyria 3, Colonial y Bisco 9.

Camino a la mar
Horas antes de que Porfirio Díaz entregara su carta de renuncia a la Presidencia de México, el 25 de mayo de 1911, todavía titular del Ejecutivo federal, recibió una carta de Christlieb Rübke, agente general de la Hapag en México, donde la empresa le contestaba positivamente que podía viajar en el Ypiranga el 31 de mayo, como lo había solicitado.
El buque cubriría la ruta La Habana-Vigo-Gijón-Santander-Plymouth-Le Havre, saliendo del Puerto de Veracruz. El viaje estaba programado siete días después de que Díaz recibió la carta de la cual Excélsior presenta una copia
El 26 de mayo, Díaz salió de su casa, ubicada en Cadena 8 (actualmente Venustiano Carranza), en compañía de su esposa, Carmelita Romero Rubio, la hermana de ésta, María Luisa, el hijo del general, teniente coronel Porfirio Díaz Ortega, una cocinera, un valet y un ayudante militar.

Todos salieron rumbo a San Lázaro para tomar el tren hacia Veracruz, donde cinco días después abordarían el buque.

En varios libros de historia quedó documentado que, en la ruta hacia Veracruz, el tren en el que iban Díaz y su familia fue atacado por ladrones, que en realidad no sabían quiénes iban dentro. El asalto fue controlado por la escolta militar de Díaz, encabezada por Victoriano Huerta —dos años después convertido en Presidente de México por un golpe militar contra Francisco I. Madero—, e incluso pudieron arrestar a varios de los asaltantes, a quienes se les decomisó un cofre con diez mil pesos en monedas.

Díaz fue informado de lo que había pasado. Se propaló la noticia de que el general no solamente les perdonó la vida, sino que los dejó en libertad y ordenó que les entregaran algo de dinero.
Según las crónicas de la época, el tren en el que Díaz llegó a Veracruz, lo hizo en las primeras horas del 30 de mayo, un día antes de que el Ypiranga zarpara.

Describen que iba vestido de forma elegante y que se le veía triste. Las autoridades veracruzanas, encabezadas por el gobernador Teodoro A. Dehesa, fiel seguidor de Díaz, lo recibieron junto con cientos de personas.
Dehesa era tan cercano al ex presidente, que en la elección de julio de 1910, con el Partido Ree-leccionista fue en fórmula como vicepresidente de Díaz; esa fue la última elección que ganó Díaz, pero lo hizo con el Partido Nacional, con Ramón Corral como su vicepresidente.
Porfirio Díaz y su familia se hospedaron en una de las varias casas de madera construidas en terrenos ganados al mar, con el estilo estadunidense, que los ingleses habían edificado en Veracruz y que sirvieron de estancia para empleados de éstos.

Desde su llegada, y en la víspera de su salida del país, Díaz y su esposa fueron objeto de homenajes y muestras de afecto.
Aunque no todo fue cariño para Díaz y los suyos. La escolta del general logró arrestar a un hombre que llevaba dos bombas de mano dentro de un saco. Según los reportes de la época, el hombre declaró que su objetivo era hacer volar en pedazos a Díaz y su familia, en venganza por la dictadura que ejerció.

El día de la partida, al filo del mediodía, Díaz, junto con su familia, dejó la casa donde se alojaron y fue objeto de su último saludo militar de ordenanza. De camino al Muelle de Sanidad, mucha gente empezó a seguir a quien hasta seis días antes había sido el Presidente de México.
Antes de que el Ypiranga zarpara, Porfirio Díaz, dicen las crónicas de la época, todavía alcanzó a pronunciar unas palabras en forma de despedida: “Guardo este recuerdo en lo más íntimo de mi corazón y no se apartará de mí mientras yo viva”.

Las reseñas de hace 100 años documentan que, mientras la tarde de ese miércoles 31 de mayo de 1911 llegaba, cada vez más gente se concentraba en el Muelle Sanidad. Se describe que había viejos, niños, pobres, ricos, militares y civiles, entre los que se agolpaban para despedir al militar y político oaxaqueño, que ya para entonces tenia 80 años de edad y estaba enfermo.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, su nombre completo, cruzó el muelle caminando y, junto a él, su esposa Carmelita; Díaz vestía traje blanco y sombrero, su gesto era serio. La señora Romero Rubio iba impecable de vestido oscuro y sombrero.

La tripulación y los cientos de pasajeros se asomaban por la borda para ver el espectáculo en que se convirtió la partida del ex presidente. En un momento en que ya Díaz y su familia estaban a bordo sonaron las notas marciales de la banda de guerra del 23 Batallón de Infantería.
Cuando Díaz estuvo en cubierta, el héroe de la guerra de Reforma fijó la mirada en la multitud, levantó su mano, como quien se despide, produciendo que miles de manos de la gente reunida en el muelle se levantaran.
En ese momento empezó a sonar el Himno Nacional Mexicano. Dicen las crónicas que un brillo cubrió las mejillas de Díaz. El duro general lloraba en su partida.

A esa hora, el silbato de la embarcación sonó. Las amarras fueron soltadas. Lentamente, el buque de vapor alemán empezó a despegarse del muelle, jalado por los cables de los remolcadores. Había gente que vitoreaba al general y más manos y más pañuelos se agitaban en el aire. En el rompeolas del sureste del muelle había mucha gente que no quería perderse el suceso histórico: el exilio de don Porfirio.

Díaz se quedó en cubierta, sujetando el barandal, hasta que en el horizonte desapareció de su vista la tierra mexicana y, desde esta parte, el Ypiranga.

El barco sí volvió    
Casi un año después de haberse llevado a Porfirio Díaz al exilio, el 15 de abril de 1912, el Ypiranga fue uno de los barcos que escuchó las señales de auxilio que emitió el Titanic, después de haber chocado contra un iceberg, que terminó por hundirlo.

Dos años después de no haber podido auxiliar al Titanic, el Ypiranga regresó a surcar aguas mexicanas. Fue su viaje número 26 en la ruta Hamburgo-Veracruz.

En abril de 1914, el buque de vapor traía una carga de armas para el gobierno del presidente Victoriano Huerta, quien el 22 de febrero de 1913 mandó asesinar al entonces presidente Francisco I. Madero, en un convenio que hizo Huerta con el gobierno de Estados Unidos, a través de su embajador en México, Henry Lane Wilson.

Pero la buena relación entre Huerta y Estados Unidos se empañó el 12 de abril de 1914, cuando dos tripulantes del cañonero estadunidense Dolphin fueron arrestados en Tampico, luego de que salieron de la embarcación en una lancha. Poco tiempo después fueron liberados y, como desagravio, el capitán del Dolphin exigió que el general Ignacio Morelos Zaragoza, comandante de la plaza de Tampico, donde ocurrió el incidente, saludara a la bandera de las barras y las estrella.

Cuando Huerta fue enterado de la petición estadunidense montó en cólera, porque eso sería tanto como una humillación. El escenario se complicó, porque el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, no sólo mantuvo la idea del saludo a su bandera, sino que exigió que Tampico fuera puerto neutral.

Para el 21 de abril, cuando el Ypiranga estaba a punto de llegar a Veracruz, las aguas mexicanas se llenaron de naves estadunidenses. Además del Dolphin había 38 buques de guerra y tres busques hospitales, en espera de hostilidades.

Es en esa misma fecha, en que el Ypiranga se acercaba a costas mexicanas para desembarcar la carga de armas. El 3 de junio de 1914, el periódico alemán Berliner Tageblatt publicó cómo ocurrieron los hechos.
El diario explicó que Carlos Heynen, representante de la Hapag —la empresa propietaria del Ypiranga—, declaró ante el cónsul de EU sobre el asunto. Contó que cuando el buque llegó a Veracruz, el 21 de abril, recibió la orden de la oficina central de Hamburgo de no descargar las armas y municiones que venían a bordo.

Ese mismo día, según la publicación alemana, un ayudante del almirante Frank Fletcher, comandante de la flota de EU, estacionada en Veracruz, le dijo al capitán del Ypiranga que no debía entrar en el puerto, porque las tropas de ese país tenían ocupadas las aduanas de Veracruz.
Al día siguiente, Fletcher le informó al capitán del Ypiranga que el buque podía ir adonde quisiera. El 23 de abril, el Ypiranga entró al puerto y fue puesto al servicio del gobierno alemán para proteger a los súbditos alemanes, y otros extranjeros, para poderlos llevar a puertos seguros, según publicó el rotativo alemán.

Los marinos estadunidenses permitieron que el Ypiranga desembarcara toda su carga en Veracruz, menos las armas que llevaba para el gobierno de Huerta. Los primeros días de mayo, el Ypiranga volvió a la mar y se dirigió a Mobile, Alabama, donde el vapor alemán tuvo que pagar una garantía a Estados Unidos para no descargar nada ahí.
El 17 de mayo, de acuerdo con el Berliner Tageblatt, el Ypiranga regresó a Veracruz y, entonces, el gobierno alemán le entregó a la naviera Hapag el buque, que finalmente desembarcó las armas en el Puerto México, hoy Coatzacoalcos.

Narró el representante de la naviera que sorprendió mucho el hecho de que se le haya impuesto al Ypiranga una multa de casi nueve mil pesos, porque había descargado en Puerto México las armas y municiones destinadas para Veracruz.
“Nunca me supuse que resultaría un incidente con los Estados Unidos, si no, no habría regresado a Veracruz con el Ypiranga. El buque muy bien podría haber llevado pasajeros para Puerto México y dirigirse después directamente a La Habana”, dijo Carlos Heynen en su reconstrucción de los hechos al diario alemán.

Un vendaval lo hundió
En agosto de 1914, después de la llamada crisis de las armas que desencadenó la segunda intervención de Estados Unidos a México y que duró hasta noviembre de ese mismo año, el Ypiranga, que se desplazaba a una velocidad de 13 nudos, fue amarrado en Hamburgo. Tiempo después, la nave fue acondicionada para transportar caballería. Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania tenía planeada una invasión a Inglaterra,la cual nunca se consumó.

A partir del 28 de marzo de 1919, el buque que ocho años atrás había llevado al exilio al ex presidente, fue enviado a Southend, en Gran Bretaña, y transferido a la autoridad portuaria. Entonces, la White Star Line se hizo cargo del Ypiranga, que sirvió para la repatriación de las tropas aliadas a Australia.

El Ypiranga volvió a ser estacionado en 1920, pero ahora en Hull, también Gran Bretaña y, posteriormente, fue vendido a la naviera Anchor. Esta empresa escocesa lo modernizó y lo rebautizó con el nombre de Assyria 3.
En enero de 1921, el ex Ypiranga cubrió la ruta entre Liverpool y Bombay, para que a partir de junio de ese mismo año y hasta 1925, el Assyria navegara desde Glasgow a Nueva York, aunque al final de su estancia, como parte del inventario de la compañía escocesa, volvió a recorrer la ruta Bombay-Liverpool. Para el 21 de diciembre de 1929, el Ypiranga-Assyria 3 fue comprado por la compañía portuguesa Colonial de Navegación, con sede en Lisboa. En esa flota, el buque de vapor alemán fue llamado Colonial.
Meses después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el Ypiranga-Assyria 3-Colonial estuvo destinado al servicio de la ruta Lisboa-Angola-Mozambique. El 22 de junio de 1940, la embarcación zarpó de Lisboa, a Madeira, San Vicente, Río de Janeiro y Santos. Un segundo viaje de Colonial a Sudamérica quedó registrado en 1944.

En septiembre de 1950 el buque Ypiranga-Assyria 3-Colonial fue vendido a la British Iron & Steel Corporation. Los ingleses le cambiaron una vez más el nombre y desde entonces fue Bisco 9.

Con el nombre de Bisco 9, el antiguo Ypiranga ya no cubrió ninguna ruta comercial más, salvo la del camino a su destrucción.

El 17 de septiembre de 1950, el buque de vapor que llevó al exilio al último dictador y le dejó armas a un usurpador de la Presidencia de México, varó debido a un fuerte vendaval cuando era remolcado hacia Dalmuir, una ciudad naval en Escocia, donde estaba planeado desmantelarlo.
El cable que jalaba al buque de 42 años se rompió. Las diecisiete personas de la tripulación fueron rescatadas sanas y salvas. Pero a cuatro millas al norte de la ciudad naval escocesa de Campbeltown, el Ypiranga dejó de existir, ahí mismo lo destruyeron y se llevó consigo dos pasajes claves de la historia de México.

La dictadura
Porfirio Díaz mantuvo un régimen de tres décadas. Este periodo comprende de 1876 (al término del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada) a mayo de 1911, cuando Díaz renunció a la Presidencia de la República.
Un barco de peso

Originalmente, el buque Ypiranga, de dos mástiles y una chimenea al centro, en 1912 cubría la ruta Hamburgo-Brasil, pero en 1911, justo en el viaje para el exilio del dictador  PorfirioDíaz cambió esa vía por la Hamburgo-Cuba-México.

El Ypiranga fue botado el 8 de mayo de 1908, en el astillero Krupp Germaniawerft, en la ciudad de Kiel, según los archivos de Hapag-Lloyd. Su primer viaje entre Hamburgo y Brasil lo hizo el 14 de octubre de ese mismo año. El barco de vapor era de origen alemán.

Ypiranga es un topónimo donde Y significa agua y piranga, rojo, lo que en español significaría agua roja.Además es una palabra de origen tupi-guaraní.

Ypiranga es el nombre que decidió darle a uno de sus barcos a principios del siglo XX la empresa Hamburg-Amerikanische Packetfahrt Aktien Gesellschaft (Hapag), considerada como la primera naviera alemana trasatlántica de vapores, que fue fundada en 1847 y, actualmente existe, pero ahora con el nombre de Hapag-Lloyd.

En 1914, en el apogeo de la lucha revolucionaria, trajo a México un cargamento de armas —200 ametralladoras y 15 millones de cartuchos— para Victoriano Huerta, que terminó por detonar la segunda intervención de Estados Unidos en México.

Navegó hasta 1950.
Durante sus 42 años de existencia surcó los mares con su nombre original, Ypiranga, y luego con otros tres distintos: Assyria 3, Colonial y Bisco 9.
Pesaba ocho mil 103 toneladas.
 

por Andrés Becerril

 

Fuente: 

Excélsior 29/5/2011

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