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bicentenario

Un símbolo: el Cabildo restaurado

El edificio del Cabildo de Buenos Aires es el símbolo material del comienzo de la independencia argentina, proceso que culminó formalmente con la declaración de 1816.

Los trabajos que se anuncian para su restauración merecen ser completados, presentándolo en situación más acorde con su primitivo aspecto, ya que es imposible restablecerlo por completo. En este año bicentenario de aquel magno hecho, una obra que no costaría mucho (ni en dinero ni en tiempo) sería el homenaje imperecedero al nacimiento de nuestra nacionalidad, pasados los festejos que la recuerden.

La construcción original fue comenzada en 1725, y tras demoras causadas sobre todo por la falta de fondos, en 1748 pudo considerarse concluida la planta fundamental del edificio. Su estructura definitiva es conocida, sobre todo, por el dibujo ejecutado por el ingeniero Charles Henri Pellegrini en 1829. Su armónica fachada tiene un cuerpo principal integrado por la torre y cinco arcadas a ambos costados, en sus dos pisos.

Pese al indudable sentido histórico que el Cabildo tenía, no fue respetado en años siguientes, y se destruyó uno de los monumentos más importantes de la Argentina.

Se comenzó por elevar su torre, y siguió el derribarla por completo. Además, con un equivocado sentido de modernidad, su fachada cambió el sobrio estilo andaluz primitivo por una muestra italianizante, con profusión de molduras y columnas en la fachada. Por otra parte, en 1889 se demolieron tres arcadas para construir la Avenida de Mayo. No fue todo: en 1931 fueron destruidas las tres arcadas del otro costado, para abrir la avenida Julio A. Roca.

Recordemos con gratitud al diputado nacional Carlos Alberto Pueyrredón, quien dos años después obtuvo la ley que declaró al tan modificado edificio monumento histórico. En la década siguiente, en 1941, la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos se ocupó de la loable tarea de volver a restablecerlo de manera parecida al Cabildo original. Se encargaron, sobre todo, el arquitecto Mario Buschiazzo y el inspector Francisco Nadal Mora de restituirle la estructura de origen.

Desgraciadamente, hoy el Cabildo presenta una imagen desproporcionada, desnaturalizada su arquitectura por las dos avenidas diagonales que lo mutilaron. Pero con poco trabajo podría acercase a su estampa auténtica, dotándolo de mayor espacio. Merece más respeto la evocación que suscita. Además, es insuficiente para contener los objetos referentes a los trascendentales sucesos que se desarrollaron en su interior hace 200 años.

Se requiere únicamente construir un arco más en cada uno de los extremos, en ambos pisos, y existe espacio para ello.

A la izquierda, mirado desde el frente, hay un terreno suficiente para la ampliación. En cuanto al costado derecho, una arcada vacía en la planta baja (siguiendo la recova del frente) sobre la vereda de la Avenida de Mayo permitiría la circulación peatonal, sin interferir con la vehicular. Claro que no se trata únicamente de paredes, sino de edificar los recintos respectivos, salvo el del extremo derecho bajo (vacío), cuya recova sostendría el recinto del piso superior.

De tal manera, se dotaría a nuestro Cabildo de una perspectiva más acorde con su tamaño y quedaría la obra como el mejor homenaje, perdurable, de los hechos que reverenciamos.

por Isidoro J. Ruiz Moreno, miembro de la Academia Nacional de la Historia.

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Fuente: 

Diario La Nación 26/3/2010

Informacion Adicional: 

EL CABILDO DE BUENOS AIRES
Breve historia de su construcción y reformas
Ricardo Ostuni

Desde la década de 1880, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (hoy Jefatura del Gobierno) mantiene un recurrente debate con el Gobierno de la Nación, por la titularidad del dominio del Cabildo local. El tema no es menor ni carece de interés en nuestros días.

Para una mejor comprensión de ambas posiciones, con la mayor economía posible de texto, he de hacer un relato de los aspectos salientes de la cuestión, comenzando por recorrer la historia de la construcción del edificio del Cabildo.

- I -

Es sabido que el art. 121 de las Ordenanzas de Poblaciones dictadas por Felipe II, establecía que en torno de la Plaza Mayor o del sitio principal de toda ciudad que se fundase en América, debía destinarse un solar para levantar el edificio del Cabildo, institución que regiría su vida jurídica y política:

Juan de Garay, al fundar Buenos Aires en 1580, destinó a ese fin uno de los cuatro solares que componían la manzana enfrente del terreno reservado para Plaza Mayor. Los otros tres se adjudicaron a los vecinos fundadores Rodrigo de Ybarrola, Juan Márquez de Ochoa y Diego de Olabarrieta.

La organización del Cabildo de nuestra ciudad, se hizo a semejanza del Ayuntamiento de León, integrado por Regidores que se elegirían entre los vecinos más antiguos o prestigiosos del lugar. Es curioso el hecho de que, mientras en América el Cabildo multiplicaba sus funciones y su poder con el paso del tiempo, en España el rey Carlos V reducía su competencia hasta prácticamente esterilizarlo.

Durante muchos años el Cabildo de Buenos Aires no contó con un edificio propio. La excusa, para justificar la mora, era la carencia de los materiales adecuados para su construcción ya que la ciudad carecía de piedra por estar asentada sobre un complejo sedimentario de origen marino y terreste de 300 a 450 metros de espesor, aproximadamente. (1) Los cabildantes se reunían, alternativamente, en sus casas contraviniendo expresas disposiciones de las nombradas Ordenanzas de Felipe II. Recordemos, de paso, que al carecer de instalaciones, el Cabildo tampoco podía actuar como Casa de Justicia y Cárcel, situación que se agravó hacia 1603 cuando le fueron encomendadas, además, las funciones de Aduana. Como un paliativo, al año siguiente, el Gobernador Hernando Arias de Saavedra, habilitó algunas dependencias del Fuerte para que les sirvieran de asiento transitorio.

Recién en 1608 el Alcalde Ordinario, Capitán Manuel de Farías, encaró la edificación de una Sala Capitular y de un calabozo en el solar asignado por Garay. Las tapias fueron hechas con barro apisonado en encofrado de madera, tarea que recayó en el alarife Juan Méndez. La tirantería del techo la proveyó Hernando de la Cueva; las puertas y las ventanas las hizo Pedro Ramírez y el frente y las paredes fueron pintadas con cal que, desde Córdoba, enviaba Diego Herrera. Bajo las órdenes del Procurados General Manuel del Corro trabajaba un contingente de aborígenes en el acarreo de leña y tierra para las obras.

Esta primera construcción -una casucha baja y oscura-.fue concluida en 1612. Se la solventó con los derechos de entrada que pagaban las embarcaciones para ingresar al Riachuelo de los Navíos y las carretas que traían leña para el consumo de la ciudad.

De inmediato se le agregaron otras habitaciones: escritorio y vivienda para el Escribano Cristóbal Ramón; vivienda para el portero Juan Durán y su mujer y otras dos para renta, las que fueron alquiladas a Luis Gómez de Lezcano. En 1613 se le incorporaron nuevos calabozos y, por iniciativa de Hernando Arias de Saavedra, el techo de totora fue cubierto con tejas hechas a mano. En ese año de 1613 el Cabildo de Buenos Aires comenzó a sesionar en su nuevo recinto.

Para obtener nuevas fuentes de recursos, el Cabildo decidió dar en alquiler a Juan Cardoso Pardo, una casa levantada en la esquina del solar. El nombrado era un maestro portugués, natural de Lisboa, quien habilitó en la vivienda una escuela para niños, pero visto su poco interés por la enseñanza religiosa –en modo especial, del catecismo- se lo reemplazó en 1616 por Martín Angulo. Cardoso Pardo fue sometido a juicio y cárcel..

Lo precario y el deterioro de la primera construcción, determinaron, hacia 1631, la imposibilidad de seguir sesionando en sus instalaciones, optando los cabildantes por reunirse en la casa del Gobernador Francisco de Céspedes mientras, simultáneamente, resolvían levantar un nuevo edificio.

Las noticias de esta nueva edificación se leen en los Acuerdos de 1662: con el agregado de que para este efecto fue llamado Elias Juan, maestro de carpintero con intervención de Jacome Ferreira Fco. Maestro examinado. Entre los materiales utilizados para la nueva casa, figuran 5000 cañas bravas y 12 umbrales de laurel de palo blanco. Por estas mismas Actas sabemos que el edificio tenía arcadas y dos torres, una en cada extremo, las que se mantuvieron hasta 1692 fecha en que se demolieron por razones de seguridad.

Como hemos anotado, durante todo el siglo XV, las distintas construcciones destinadas para el funcionamiento del Cabildo de Buenos Aires, se hicieron de modo precario, por lo que demandaban arreglos constantes. En 1711 se consiguió la autorización para encarar una nueva construcción pero recién en 1717, el Gobernador Bruno Mauricio de Zabala procuró hacerla realidad. Aún así, habrían de pasar dos años más, hasta que el Hermano Juan Bautista Prímoli SJ –italiano de Milán- presentó los planos del nuevo edificio. Prímoli había llegado a Buenos Aires el año anterior y hubo de hacerse cargo de la construcción del templo de San Ignacio al fallecer el arquitecto Juan Kraus SJ.

La propuesta de Prímoli fue aprobada por el Ingeniero Militar Domingo Petrarca –autoridad en la materia- y remitida a Madrid en 1719 sin lograrse, empero, la autorización para iniciar los trabajos, presumiblemente por la importante inversión que demandaba. Recién en 1722 se le pidió otro proyecto a Domingo Petrarca quien presentó casi una copia del de Prímoli con un costo de 60.000 pesos, lo que determinó su archivo.

En 1725 se pensó en hacer una obra algo más modesta convocándose para ello al Hermano Andrés Blanqui –que había llegado al país en 1717 proveniente de Roma-. Su proyecto concilió las necesidades del Cabildo con las posibilidades presupuestarias. Y no es arriesgado sostener que Blanqui fue el verdadero constructor del edificio del Cabildo de Buenos Aires.. Como lo expresa Manuel Bilbao, las obras comenzaron en 1725 por más que la fachada del Cabildo ostente la leyenda del año de 1711.

Según algunos autores Blanqui tomó como modelo el edificio del Colegio de los Jesuitas de Milán. Su proyecto constaba de dos plantas en forma de U. En la parte alta ubicó la Sala Capitular y en la baja la Capilla, las oficinas para el Escribano, los Cabildantes y los calabozos. El frente lo concibió de gran espesor y simétrico. Once arcos de medio punto en cada uno de los pisos y un cuerpo central sobre el que se alzaba la torre cuadrada rematada por una pequeña cúpula poligonal con techo de latón; a lo largo de todo el frente, un balcón con barandillas y ménsulas de madera .

La construcción fue muy lenta. Las obras estuvieron prácticamente detenidas durante la ausencia de Blanqui quien, simultáneamente, se ocupó de levantar las instalaciones de la Compañía de Jesús en Córdoba (1728) y de diversos trabajos en la Catedral Metropolitana (1734). Recién volvieron a tomar impulso en 1747 cuando se hizo cargo Ingeniero coronel Diego Cardoso, sucesor de Petraca a la muerte de éste. Aún así recién en 1764 se construyó la torre modificada de acuerdo con los planos del arquitecto español José Antonio Ibáñez. Al año siguiente se colocó el primer reloj, que fuera traído de Cádiz, gracias a la gestión que realizara el Procurador de la Ciudad ante Carlos III. Este reloj empezó a funcionar el 1 de enero de 1765 y su atención estuvo a cargo del maestro relojero Luis Cachemmaille. Vale aclarar que no fue el primer reloj público que tuvo la ciudad ya que en 1714 se había ubicado uno en la torre que tenía la Iglesia de San Ignacio.

En 1766 se colocó la campaña que llevaba el nombre de “Nuestra Señora de la Concepción” y tenía en un lado la imagen en relieve de la Virgen rodeada de estrella; del otro, una cruz y la siguiente inscripción: Sn. Martín Obispo Me fecit Johannes Perez Anno 1763 Na Sa de la Concepción. Había sido fundida por el tal Juan Pérez; tenía 1,50 m. de altura y 827 kilogramos de peso y resolvía el problema de convocar a los Cabildantes: ya no habría que concurrir a sus casas para entregarles en mano los avisos de sesiones, sino tañer, en la tarde anterior, 24 veces la campana y otras tantas el día de sesión entre las 7,30 y las 8 de la mañana. El Gobernador Francisco de Paula Bucarelli, asumido ese año, mandó silenciar la campana al poco tiempo imponiendo nuevamente el citatorio personal.

En 1783 se terminó la construcción de la capilla y al año siguiente se agregaron dos nuevos calabozos. Para 1805 se concluyó la Recova Vieja.

En 1830 se redujo la extensión del balcón limitándolo a los tres arcos centrales y en 1845 se agregaron dos campanas más: la San Martín o campana menor y la Stella Matutina o mayor. En 1860 fue reemplazo el reloj de 1765 por otro que la Municipalidad adquirió en Europa. En la Memoria Municipal de 1860 se lee que para su instalación fue necesario modificar la torre colocando una cómoda y sólida escalera de mármol en reemplazo de los restos de la de madera deteriorada que había. Las ventanas (de la torre) han sido ensanchadas para colocar en ellas las esferas y tienen fuertes persianas de hierro fijas. El esterior (sic) de la torre fue revocado y adornado con azulejos. Se colocó un hermoso globo de metal dorado de donde parte un pararrayos que tampoco existía así como una veleta con indicación de los puntos cardinales. Hubo en el seno de la Municipalidad el pensamiento de alterar la torre levantándola, pero se resolvió dejarla como es, haciendo solamente en ella las obras indicadas...

El reloj fue contratado a la firma inglesa Thwaites & Reed por medio de sus representantes en la Argentina los señores Jaeggli & Diavet relojeros establecidos en calle del Perú n* 3

En 1879 –cuando el Cabildo era asiento de la Casa de Justicia. y pese a lo manifestado en la Memoria Municipal de 1860, se modificó la torre. El proyecto fue del arquitecto Pedro Benoit y el 24 de octubre de ese año el Gobernador Carlos Tejedor promulgó la ley respectiva que autorizó a elevarla, azulejándose la cúpula, además de reformar los balcones y las columnas dándole un aire renacentista totalmente ajeno a al estilo original del edificio Entre las obras autorizadas y no realizadas –felizmente- estaba también la colocación de una estatua en la cúspide de la torre, simbolizando a la Justicia y otras doce estatuas en la azotea, más una balaustrada en el frente. Durante las obras de remodelación fueron descubiertos antiguos túneles, una caja fuerte de la época del virreinato, armas y elementos de entonces e incluso las trenzas de los soldados del Regimiento de Patricios que Belgrano mandó a cortar el 7 de noviembre de 1811. (2)

En 1881 se revocó la torre y se le colocaron vidrios en la cúpula la que, por las noches, simulaba ser un faro en lo alto de la ciudad.

Con motivo de la apertura de la Avenida de Mayo en 1889 fueron demolidas tres arcadas del ala norte del edificio central y la Casa de Policia contigua. Asimismo el 4 de enero de ese mismo año el Intendente (int) Guillermo A. Cranwell autorizó la demolición de la torre del Cabildo, trasladándose el reloj y la campana a la torre del Templo de San Ignacio. El 15 de abril el Cabildo ya estaba sin torre.

En 1891 el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, por nota que firmaron su presidente, don Tomás Santa Coloma y su secretario don Francisco Argerich, presentó un proyecto de restauración del Cabildo para recuperar la Sala Capitular donde se había proclamado la libertad el 25 de mayo de 1810. Se nombró una comisión al efecto integrada por el General Bartolomé Mitre, D. Andrés Lamas, D. Francisco Pascasio Moreno, D. Tomás Santa Coloma y el Concejal Fermín Rodríguez. Mitre renunció por razones de salud y Andrés Lamás falleció al poco tiempo, por lo que la Comisión quedó disuelta y el proyecto archivado.

El histórico Cabildo corrió el riesgo de desaparecer en 1905 cuando se lo intentó demoler para construir en el terreno el Palacio Municipal. Y un nuevo agravio en la arquitectura de su edificio, sufrió en 1931 al perder otros tres arcos, en su ala sur, para la apertura de la Diagonal Julio Argentino Roca. Nuevamente se intentó su demolición hasta que un proyecto del diputado Carlos Alberto Pueyrredón se convirtió en la ley 11.688 del 30 de mayo de 1933 por el cual se lo declaró Monumento Histórico Nacional. Curiosamente, tres años más tarde, el 28 de octubre de 1936, el Consejo Deliberante porteño aprobó una minuta por la cual se solicitaba al Intendente que gestionara idéntica declaración.

Finalmente el 20 de diciembre de 1939 el Poder Ejecutivo Nacional nombró una Comisión encargada de realizar los estudios técnicos para restauración y reconstrucción definitiva del Cabildo. La integraban los señores Antonio Vaquer –Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas-; Martín S. Noel –Miembro de las Academias Nacionales de Historia y Bellas Artes- y Mario J. Buschiazzo –arquitecto adscripto a la Comisión Nacional-. La presidencia quedó a cargo del doctor Ricardo Levene.

El arquitecto Buschiazzo presentó un proyecto de restauración y de reconstrucción de algunas partes, tomando como antecedente una pintura del Cabildo realizada por Carlos Enrique Pellegrini en 1829 Las obras fueron inauguradas el 12 de octubre de 1940.

Fuente: academiahistoriaba.org.ar

 

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