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juicio por la represion ilegal

Una ex detenida dijo que tuvo un hijo con uno de sus captores

Es sobreviviente del centro clandestino La Escuelita. Admitió que mantuvo con él una relación afectiva.

“Estaba aterrorizada por lo que me estaba pasando y en él encontraba la seguridad de que podía seguir viviendo y trabajando”.

María Mercedes Orlando es una de las sobrevivientes del centro de detención La Escuelita que funcionó en el ex Quinto Cuerpo de Ejército en la segunda mitad de

Represores del Quinto Cuerpo de Ejército, al iniciarse las audiencias, en junio, en Bahía Blanca - Foto Clarín

los años ´70. Su estancia en ese lugar, al que ingresó el 21 de mayo de 1976 después que fuera secuestrada en camisón y pantuflas de su casa por un grupo comando, fue breve y más aliviada que la que debieron soportar allí cientos de víctimas, varias de las cuales aún siguen desaparecidas.

No fue torturada y mucho tuvo que ver en eso, uno de los principales interrogadores del siniestro lugar quien supo granjearse la confianza de la mujer dentro y fuera del predio. Tanto que una vez que Orlando salió de La Escuelita, el represor la frecuentó, mantuvo una relación de casi un año con ella y de ese vínculo nació una hija .

Esta revelación formó parte del conmovedor testimonio que la mujer brindó esta semana en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que se sigue desde fines de junio a diecisiete ex militares, policías federales y agencias penitenciarios en Bahía Blanca. “Ahí adentro había una persona que creía lo que yo decía… Pedía que le preguntaran al arzobispo para ver quién era yo…” recordó la mujer de ese hombre “de voz gruesa, distinta al resto” que entraba y salía de la sala de tormentos mientras ella, recostada y atada con elástico a una cama, era interrogada por otros individuos .

“Mencionaban nombres de gente que no conocía, me preguntaban qué hacía en la escuela y él era el único que me entendía, por eso yo me aflojaba” relató Orlando quien cuando fue secuestrada, trabajaba como docente y asistente social junto a un grupo de monjas en una escuela de Villa Nocito, uno de los barrios más humildes de la ciudad y también colaboraba con Cáritas.

Dijo que esa persona, a la que llamaban Tío, “parecía tener ascendiente sobre el resto y cuando me iban a aplicar picana, él intercedía para evitarlo” . También le atribuyó que a los pocos días de ingresar, la sacaran de La Escuelita y la dejaran cerca de la casa de su hermana, vestida igual que el día que la habían secuestrado. Al poco tiempo, el hombre comenzó a llamarla por teléfono, según le dijo, desde la oficina de inteligencia donde trabajaba. Se presentó como Mario Manzini y prometió ayudarla a recuperar los libros que se habían llevado de la casa de su madre. Así ocurrió y también buscó convencerla para que volviera a trabajar.

“Estaba aterrorizada y él me decía que no tuviera miedo, que me iba a apoyar” rememoró la mujer. Incluso el hombre se ofrecía para acompañarla a hablar con un cura del barrio Sánchez Elía sobre el paradero de un amigo que estaba desaparecido. Cuando promediaba su declaración ante el Tribunal constituido especialmente en la Universidad Nacional del Sur, Orlando admitió que mantuvo una relación afectiva con el militar durante más de un año y tuvo una hija con él.

En la Navidad del año 1977 fue la última vez que lo vio. Le dijo que se iba a Mendoza y luego a Perú. Durante dos o tres meses, le envió cartas a nombre de Manzini, pero el correo se las devolvía porque nadie figuraba con ese nombre en la agregaduría militar argentina en ese país. Por intermedio de un familiar que tenía contactos con la Armada, Orlando supo recién en 1978 que Manzini era en realidad Santiago Cruciani, según el relato de numerosas víctimas, uno de los más feroces interrogadores de La Escuelita . Allí también conoció que Cruciani estaba casado y tenía familia con hijos en Mar del Plata. El ex militar falleció en julio de 200 7.

por Gabriel Bermúdez

Fuente: 

Diario Clarín 10/9/2011

Informacion Adicional: 

Descripción de "La Escuelita":

La vieja casa donde funcionaba el campo de concentración esta ubicada atrás del Comando del V Cuerpo de Ejército a unas 15 cuadras de un motel alojamiento llamado "Tú y Yo", sobre el "camino de la Carrindanga" (camino de cintura). El lugar es llamado por los militares "Sicofe". Esta cerca de una vía del ferrocarril, se podía oír el paso de los trenes, los tiros de práctica del Comando de Ejército y el mugido de vacas.

Constaba de dos habitaciones donde se encontraban las camas cuchetas en las que permanecíamos acostados los prisioneros. Cuando llovía, el agua caía a chorros dentro de las piezas, empapándonos ya que no nos podíamos mover. El piso de esas habitaciones era de madera, con huecos y roturas; las paredes amarillentas y las ventanas, altas y con rejas coloniales tenían postigos verde oscuro. Siempre espiando por debajo de la venda podía ver desde mi cama la inscripción A.A.A. en la pared de una de las. piezas; había un pizarrón en la pared opuesta. En el medio de esas habitaciones había un balcón con piso de baldosas, donde se instalaba un guardia a controlar que no nos moviéramos ni habláramos.

También había allí una cama con un prisionero. Una reja clausuraba esa parte de la casa. Luego de un pasillo, venía la habitación de los guardias. La cocina y el baño (adonde a veces nos duchábamos). Se atravesaba una puerta para salir al patio, donde estaba la "sala de tortura", la letrina adonde nos llevaban a hacer nuestras necesidades y un aljibe que utilizaban para torturar colgando a las personas durante horas con el cuerpo sumergido allí. También había una casilla rodante donde dormían los guardias Luego agregaron una o dos casillas más para otros detenidos-desaparecidos.

Este es el plano aproximado del lugar. En más de 100 días, se dieron muchas oportunidades de espiar por debajo de la venda, a pesar de los algodones que nos colocaban, de la cinta adhesiva que nos pegaban a la piel o de los golpes que recibíamos ante la sospecha de que espiábamos. A pesar de que podría reconocer perfectamente el lugar si lo viera, hay algunas imprecisiones en el dibujo, sobre todo en lo que respecta a la ubicación de los lugares en el patio.

Fuente: www.desaparecidos.org

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